Hegel. La negación como construcción del sujeto histórico
El objeto a analizar es el elemento de la negatividad y las implicaciones que el mismo tiene para el desarrollo de la historia de la filosofía. Para esto discutiremos con Hegel y particularmente el trabajo de éste en el prólogo de la Fenomenología de Espíritu. Varios han sido los pensadores que han corroborado la importancia de la construcción hegeliana y el aporte de la misma para el fomento de la crítica social (1). Nuestro objetivo será detenernos en aquellos fragmentos que enuncian dicho elemento y entresacar el contenido y la forma que el mismo asume a lo largo de dicho prólogo.
Resulta de por sí necesario saber qué tipo de criterio ha de responder la investigación histórica. A esto se le podría eludir o minimizar su importancia alegando que la historia se trata simplemente de las contingencias o las experiencias particulares. A preguntas tales como cuando nació Julio Cesar o cuando ocurrió el Bogotazo se suele responder netamente. No obstante la simple expresión de tales respuestas implica su estudio  ya sea abordando libros, la comparación entre los mismos, la entrega a cualesquiera tipo de investigaciones, etc. Por lo cual es la autoconciencia la que en este plano se mueve. Lo mismo cabría decir de las respuestas que se dan en la matemática y los procesos que intervienen en la producción de sus resultados. Si bien se habla aquí de un estudio del objeto determinando su magnitud y sus relaciones espaciales, no es esto suficiente para un estudio total del objeto o de la cosa que es para nosotros en este caso el pensamiento y la dinámica que juega en el mismo la negatividad
Es precisamente cuando interviene esta negatividad cuando se pregunta por el criterio a asumir en la exposición de las tareas científicas del presente.” El demostrar que ha llegado la hora que la filosofía se eleve al plano de la ciencia” es la justificación que asume el trabajo de Hegel. Por lo cual es imprescindible analizar la función  orgánica a través de la  cual elaboramos estos productos que en nuestro presente condicionan nuestras vidas y esto es, el lenguaje. El análisis del mismo a través del proceso de la negación, establecer las contraposiciones implicadas que en nuestro lenguaje existen y ofrecer el concepto mismo de esta investigación como CIENCIA DE LA EXPERIECIA DE LA CONCIENCIA, es lo que determina para nosotros un campo indefinible de investigación y un campo de estudio de incesante trabajo teórico y práctico.
Si pretendemos abocarnos al ejercicio de la  historia es menester elaborar un método que determine dicha investigación con un carácter procesual. Si queremos analizar la silla, por ejemplo, no nos contentamos con que se nos ofrezcan respuestas tales como: es de cierto color, posee cierta forma, cierta textura, cierto peso, etc. Tendríamos que afirmar de antemano el carácter necesario de dichas determinaciones y poner dicha determinaciones que reúnen en unidad un modo de ver esa silla. Podríamos también decir que esa silla me la regalo mi abuelo o que me recuerda de quién es, o que en ese lugar sólo se puede sentar cierta persona, etc.; encontramos estas diferenciaciones en nuestra cotidianidad y muchas veces eludimos el papel que implica este tipo de diferenciaciones. Quizás tengamos parientes que después de salir de alguna iglesia recurren al astrologo, o que aquellos, la gran mayoría, vivan en la miseria y sigan alabando su situación, aunque se hable de riqueza o de una mejora personal, etc.  Por lo que de alguna manera se cuelan pensamientos que provienen de épocas diferentes y se intercalan para formar así un revuelto de frases o proposiciones inconexas, o simples contradicciones, ya sea por desconocer su origen, ya sea porqué se eliminan entre sí; impidiendo con ello plantearse sobre la necesidad misma de la elaboración del lenguaje y la manera como lo utilizamos en nuestra vida.
Cuando se pretende hacer historia se pasa por alto la problemática anunciada y se recurre por ello a ver en el objeto inmediato la realidad de la historia. Si hablamos por el ejemplo de la pobreza, el hambre, la miseria, la desigualdad, se tiende a mirar dichos fenómenos en su expresión actual ofreciendo con ello o bien, en parte,  una ayuda insignificante a los individuos y sociedades que en estas condiciones se encuentran, o bien, en parte, una mirada de soslayo e indiferencia. Por lo que encontramos los mismos problemas, los mismos conflictos, las mismas contradicciones con un campo de visión bastante superficial.
Ante todo es necesario reconocer lo inadecuado y lo contraproducente que resulta dicho modo de actuar. Para darle cura o un posible aminoramiento a cierto tipo de patología es necesario recurrir al análisis; se analizara el cuerpo y su estructura y de definirá en ese sentido una posible resolución; si no existe aún la causa de la patología es necesario recurrir al análisis del lenguaje del paciente y saber con ello si la patología no responde a una cuestión meramente somática sino que interviene también aquí el carácter psíquico del individuo.
  Decimos que dichas patologías o como se lo quiera llamar se manifiestan constantemente entre nosotros y sin embargo la confusión y la angustia es lo que suele dar contestación y no el  esfuerzo mismo de explicar científicamente dichos síntomas. El problema de esto consiste en no captar suficientemente, o en otros casos negar rotundamente, el proceso del desarrollo, y en este caso el desarrollo filosófico o el desarrollo del pensamiento. Este desarrollo se capta mediante--por lo menos en lo que tiene que ver con un prólogo, según Hegel- “una indicación histórica respecto a la tendencia, y al punto de vista al contenido general y los resultados” esta indicación resulta ser provisional pues la verdadera expresión histórica resulta ser la presentación de su exposición general y esto a través del movimiento del concepto.
Este prologo fue elaborado posteriormente al restante contenido de la Fenomenología, y ello con miras a aclarar ciertos procederes metódicos que crearon gran dificultad para su editor y los posibles lectores. El elemento de la negatividad hace su manifestación cuando se define lo que es la subjetividad. Dice Hegel: “En efecto, el sujeto es la pura y la simple negatividad y es cabalmente por ello, el desdoblamiento de lo simple, o la duplicación que contrapone que es de nuevo la negación de esta indiferente diversidad y de su contraposición: lo verdadero es solamente la unidad que se restaura o la reflexión en el ser otro en sí mismo y no una unidad originaria en cuanto tal o una unidad inmediata en cuanto tal” esta unidad originaria se la ve como la visión religiosa del mundo o “la vida de Dios” considerada “como el juego del amor consigo mismo” o la igualdad no empañada que no se enajena ni busca superar esa enajenación sino que se mantiene como una “igualdad no empañada” en la cual no existe la necesidad de cultivar la razón, no abocarse así al dolor, la paciencia y el trabajo de lo negativo. No existe en este conocimiento divino la diferencia entre forma y esencia: aquél se lo llega a expresar como esencia sin concebir de ese modo el automovimiento de la misma; y esto debido a que un principio absoluto o una intuición absoluta no se aboca al ejercicio de preguntar por la riqueza de formas que ha asumido el contenido a lo largo de la historia. Se mantiene en esta visión unilateral un único principio que determina los restantes contenidos, pese a lo lejanos que se hallen. Pero es precisamente la negación la que busca refutar dicho principio y dar cuenta de la unilateralidad del mismo. Refutar significa poner de relieve la deficiencia del principio, “la cual reside en que es solamente lo universal o el principio, el comienzo. Cuando la refutación es a fondo se deriva del mismo principio y se desarrolla a base de él, y no se monta desde fuera, mediante aseveraciones y ocurrencias contrapuestas”
Lo negativo es así, sencillamente, el ver que este contenido no es, no obstante en esta negación es menester captar dicha negación como un resultado que da cuenta que es el sujeto el que pone el ser o el no ser a las cosas y  no estas al sujeto como se pretendía en la filosofía tradicional. En la derivación del constante juego de la  afirmación y la negación está el devenir; y es en síntesis este devenir lo que permite captar y reconocer la actividad autónoma del pensamiento que no fundamenta por ello sus aseveraciones mediante lo externo. Siendo así la negación o la contradicción el verdadero elemento de la existencia humana. Aquello que se aboca al análisis de los diferentes modos, grados y clases del pensamiento para determinar su lugar y su posición y con ello definir claramente los senderos de la historia del pensamiento.
 Notas del texto
1.Cabe menciona a Carl Marx (1818-1883)quien en sus primeros textos, por ejemplo, los Manuscritos Filosóficos F.C.E. México. 1962  discute propiamente con la filosofía de Hegel. Al respecto dice Erich Fromm  en su libro Marx y su concepto del hombre “La concepción del hombre de Marx está enraizada en el pensamiento de Hegel. Hegel parte de la idea de que apariencia y esencia no coinciden” por lo que en el proceso mismo de la negación se niega esa realidad aparente.
Otro autor es Friedrich Engels (1820-1895) quien dice acerca de la fenomenología: “podría llamársele paralelo de la embriología y de la paleontología del espíritu, un desarrollo de la conciencia individual a través de sus diversas etapas concebido como reproducción abreviada de los estadios recorridos históricamente por la consciencia de los hombres” Citado por Georg Lukács en su libro “El Joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista” Ediciones Grijalbo S.A. Barcelona- México, D.F. 1970 p. 454
Entrar en consideración las reflexiones de Herbert Marcuse (1898- 1979) debido a que su trabajo teórico se fundamente principalmente en su análisis de la obra de Hegel: los textos en los cuales genera un gran aporte para la comprensión de este autor son Ontología de Hegel. Ediciones Martínez Roca, S.A. 1968 California; Razón y Revolución. Alianza Editorial, Madrid. 1983; El hombre unidimensional. Ediciones Orbis, 1985 España.
Otro autor de significativa importancia es Georg Lukács (1885-1971) quien también siente la necesidad de aproximarse a la obra de Hegel. Las obras que se consideran son El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista y El asalto a la Razón. La trayectoria del irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Ediciones Grijalbo, S.A. Barcelona- México, D.F. 1968
Se tejen aquí las tesis del filósofo marxista alemán Karl Korsch llamadas Tesis sobre Hegel y la revolución publicadas por la revista Ideas y Valores. Primer Trimestre de 1968
En lo que se refiere al pensamiento colombiano nos remitiremos al filósofo y economista Antonio García Nossa. El realismo dialéctico en la historia. Primera edición, abril de 2006. Ediciones Humanismo y Sociedad Ltda., 2006; se toman importantes reflexiones de la tesis La Fenomenología del Espíritu: La demostración de la experiencia de la conciencia. Guillermo Muños Castelblanco. Universidad de los Andes; El devenir de Hegel hacia la Fenomenología del Espíritu Hegel's Path Towards the Phenomenology of Mind Carlos E. Rendón Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín Revista Ideas y Valores. Vol. 56, núm. 133 (2007); Vol. 56, núm. 133 (2007) LUIS MARIANO DE LA MAZA Tiempo e Historia en la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Universidad Católica de Chile; Rafael Gutierrez Girardot: Hegel y lo trágico núm. 27-29 (1967): En homenaje al centenario de la Universidad Nacional Revista Ideas y Valores
2) En el capítulo de la Certeza Sensible se analiza con mayor detenimiento este tipo de juicios: si decimos: ahora es día y escribimos esta verdad y la leemos, al llegar la noche esta verdad ha quedado vacía, puesto que: ahora es noche. El ahora no es día, pero basta que transcurran unas horas para indicar que ahora no es noche sino día. En este proceso negativo percibimos, sin embargo, que el ahora subsiste y que el ahora no es esto ni aquello, es indiferente a ser lo uno o lo otro, subsiste debido a la negación. Y aquello que existe por medio de la negación es lo Universal.  Confrontar: Fenomenología del Espíritu. F.C.E. México, 2002, el capítulo sobre la certeza sensible.
3) Ibid. Pag. 18,19


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