El mito, el hambre y la pobreza.
El mito, el hambre y la
pobreza.
El hambre y la pobreza son el producto constante- y que adquiere
mayor volumen y fuerza- de la sociedad y tienen que ser considerados por esta
sociedad de manera permanente. De lo contrario se naturaliza este hecho. Se
lo naturaliza mediante muchas formas. La forma más contundente de esta
naturalización es, a su vez, la condición general de todo tipo de
naturalización: la ideología. Su concepto contiene lo referente a las
necesidades, perspectivas, intereses de una sociedad en general. La labor de la
teoría consiste en racionalizar dichos intereses, perspectivas e intereses. No
existe teoría sin ideología, puesto que la teoría responde a un contexto social
e histórico. Ahora bien, los modelos económicos que han surgido en naciones
como Colombia son la expresión teórica de países como Estados Unidos. Es decir
en el ámbito teórico Colombia responde a las necesidades de los intereses, las
perspectivas y necesidades de los gringos. No parte de sus propios intereses.
No parte de su ideología. Por lo que ahí podemos hallar la causa de la
desigualdad social que afecta a naciones como Colombia. Los intereses de los
burgueses van contra la erradicación de la pobreza y el hambre. Si se
erradicaran esos fenómenos, la causa de dicha erradicación se fundaría
principalmente en la eliminación del beneficio que adquieren los burgueses en
la dinámica del capital.
Los burgueses hablan de
forma mítica, de tal modo que las realidades más expresivas, como son el hambre
y la pobreza, se convierten en ficción. Los mitos empleados por la burguesía
establecen que no existe suficiente alimento para alimentar a toda la población humana.
No obstante contra ello se ha refutado que la dinámica económica actual es
la que impide una distribución equitativa de la riqueza y con ello la
posibilidad de alimentación segura. Los países que mas exportan alimento,
sufren paradójicamente de una mayor densidad de hambre y pobreza. El problema
no está en el sofisma de la poca existencia de alimentos, el problema se halla
en el hecho de que los pobres no pueden comprar comida.
Otro mito consiste en atribuir
cierta culpa a la naturaleza como causante de la pobreza y el hambre. Esta
naturaleza se comporta indebidamente, cuando se empecina en generar sequias,
pestes, hambrunas, inundaciones, que parece, son las causantes del hambre y la
pobreza. Sin embargo estos hechos, no son de ningún modo producto de la
naturaleza: su causa es de tipo social, humano. Un orden social que permite la
exacerbación de la adquisición de rentas y utilidades y estas rentas y
utilidades logradas mediante la expropiación violenta de la tierra, está en
riesgo de sufrir, en grandes proporciones, el hambre y la pobreza; estas
expropiaciones se justifican sobretodo cuando ocurren las inundaciones, las
sequias, etc.
Otra expresión nefasta de
la burguesía que considera que las vidas de los seres humanos no interesan,
aparte de su posición como trabajadores, alega que el hambre y la pobreza se dan en
la sociedad porque existen “demasiadas bocas” para alimentar. La
sobrepoblación se convierte en un aspecto importante del mito. Una sociedad en
la cual el hambre y la miseria son el factor principal de su decadencia pasa a
convertirse en una sociedad superpoblada. Esta superpoblación se la hace pasar
por la condición del hambre y la pobreza. Pero la realidad es otra si se
consideran territorios como china o la India, en las cuales no hay una relación
de causalidad entre superpoblación y miseria. La condición real de estos fenómenos,
incluida la superpoblación, tienen un origen común. En el origen de la economía
política encontramos su carácter de ser una apología del individualismo
burgués. La suposición del burgués estriba en atribuirse un “derecho natural”.
Derecho que le permite apropiarse del beneficio que genera la circulación de
las mercancías y así, supone también, que esa dinámica de la circulación de la
riqueza generará un “bien común” Cuando se le echa en cara que el “bien común”
es más bien la ampliación del hambre y la pobreza, dice que la culpa de esto la
tienen los pobres que no han sabido medir el aspecto de la reproducción,
pareciendo que los pobres fueran para sí mismos sus propios verdugos.
Otro mito que utiliza la
burguesía consiste en decir que la búsqueda de alimentos es la que destruye
la naturaleza. Con esto es posible captar la naturaleza de la reflexión
burguesa consistente en deformar de tal modo los hechos sociales que hasta el
mismo absurdo recibe un excesivo elogio en sus consideraciones. A este absurdo
se le opone el hecho de que es la destrucción de la naturaleza lo que genera la
eliminación de las fuentes alimenticias. La extinción de vastos territorios
debido al maltrato que se ejerce sobre la tierra entra en función de los
intereses de los capitalistas. Este excesivo daño sobre la naturaleza
evidentemente expande el fenómeno del hambre y la pobreza.
También la burguesía ha
recurrido al discurso, al mito de querer proteger la naturaleza, hablando de
una revolución verde. La fuerte competencia que es un
presupuesto de la economía política burguesa busca actualmente los mecanismos
para satisfacer las necesidades del consumidor. Por lo que el discurso que
busca proteger la naturaleza sin cambiar la estructura económica en que se basa
es otro de los medios de los burgueses para generar beneficio, pues dicha
revolución lo que ha generado es un aumento del capital rural; también en la
conciencia del consumidor una extraña complicidad surge o más bien cierta
confianza en que las empresas burguesas se “preocupen” por el medio ambiente.
La clase terrateniente y
la clase burguesa alegan que el modo más efectivo de la producción agrícola industrial
se realiza cuando esta producción es ejecutada por los grandes propietarios.
Afirmar este mito implica negar la función vital de los pequeños mercados, las
economías locales. Afirmar esto es plantear que el monopolio es el modo más
conveniente para la economía. Es decir, la sociedad para los burgueses ha de
constituirse de tal modo que solo una contradicción es la que realmente
importa, la división de la sociedad entre propietarios y trabajadores sin
propiedad. Suponer que el monopolio es el modo mas conveniente de la vida
económica genera que en el ámbito de la reflexión no se piense en la
posibilidad de redistribuir la tierra. Es necesario, por tanto, plantear
permanentemente el tema de la distribución de la tierra y a su vez, rescatar el
carácter dinámico de las economías populares o locales que en cuanto a producción,
producen más que los grandes propietarios.
Estos mitos parten de un
mito fundador, una suposición que anteriormente se planteo, la del “derecho
natural” Este derecho en su origen se contrapuso al “derecho divino”
autoritario. Dicho derecho consolidaba una serie de prohibiciones, sanciones,
leyes que coordinaban la estructura económica. Al expandirse la economía y no
funcionar ahora de manera exclusiva en las manos del clero y la nobleza, el
burgués se ve en la necesidad de romper con aquel derecho divino, basándose en
su dinero y su inteligencia. Estos son los medios mediante los cuales construye
su dominación, en contraposición al dominio de la sangre y la tradición. Aquel
“derecho natural” se construye en el marco de la sociedad económica planteada
por los primeros economistas burgueses. Este derecho plantea la libertad que ha
de tener el comercio. Eliminar el “derecho divino” implica eliminar la
jurisdicción que expresa el clero y la nobleza. La voluntad de estos últimos ya
no tiene sentido y el Estado se convierte en ese juez y coordinador de la
estructura económica. La característica esencial del estado moderno radica en
su política económica. La primera manifestación de esto surge en Florencia en
el siglo XIII cuando los gremios comerciales, los arti magiori, definen la primera constitución basada en la libertad
de comercio, ya no amparada ni por la iglesia, ni el clero. El desarrollo de
esto se da luego en Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, etc. Lo que es
importante señalar con esto es el proceso que sufre dicha libertad económica.
Cuando se define que el estado ha de controlar los procesos económicos puesto
que de lo contrario se caería en el caos social, hablamos de mercantilismo.
Pero este mercantilismo también se oponía al desarrollo de la independencia de
aquella sociedad económica. Por lo cual esa libertad económica se lanzo contra
las limitaciones estatales, abogando por una libertad de comercio no limitada por
las imposiciones estatales. Si el estado colombiano, por ejemplo, adoptara
medidas drásticas para erradicar la desigualdad económica, respondiendo al
articulo 13, titulo 2 de la constitución de 1991 en la que se afirma “El estado
promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará
medidas a favor de grupos discriminados y marginados” y para ello tuviera que
detener el proceso de acumulación de los burgueses o terratenientes de ese
país, muy seguramente aquella decisión drástica sería otro de los tantos
artículos, de los tantos derechos, que no han tenido realidad en aquel país. El
concepto que sobre esta libertad economica desarrollan los fisiócratas es el de
laissez-faire, laissez-aller (dejad hacer, dejad pasad) A partir de esto
encontramos la plena dominación que sobre la política ejerce la económica;
también esto constituye una diferencia importante respecto a la edad media en
donde en ésta encontramos la dominación de la economía por parte de la
política. La libertad de comercio es en
nuestros días el producto de los intereses de los burgueses que no encuentran
ya límite alguno. Esta libertad de comercio aboga por el beneficio que el
burgués y el aristócrata, en forma de ganancia o renta obtienen, generando por
el contrario pobreza y hambre. Puesto que no tienen limites para su avaricia,
es ésta la que decide el porvenir de los hambrientos y los pobres. Cuando Virgilio
le dice a Dante que no atraviese el camino que está delante de él, en el
momento en el que se encuentran por primera vez, lo hace debido a que ahí se
encuentra una loba que no ha permitido que hombre alguno atraviese dicho
camino. Lo mata vorazmente para impedir su trasegar. Esta loba representa la
avaricia. Y es así que dicho camino sigue sin ser allanado. La
libertad de comercio míticamente se hace pasar por la solución al problema del
hambre y la pobreza. La realidad es que para el capital no interesan
las vidas humanas. Sólo le interesa su expansión.
La falsedad de las
palabras del burgués es repugnante. Mas cuando reconocemos que la
intencionalidad de sus palabras estriba en denigrar la vida del trabajador, la
vida del pobre y el hambriento. Más repugnante aún cuando señala la
imposibilidad de que ese pobre dirija el proceso económico y político.
Justificando dicha imposibilidad al señalar la ignorancia y la pasividad del
pobre. El ignorante y pasivo es en verdad el burgués que no está
relacionado directamente con el trabajo que si hace el pobre y el hambriento.
Puesto que el proceso
económico del capitalismo ocurre a nivel mundial, quienes tienen el control de
la economía determinan lo que ocurre en todo el orbe, pese a las limitaciones
que los estados tratan de imponer. Es así que Estados Unidos puede ejercer
control sobre otros países sin que el estado bajo su dominio pueda oponerse. Estados
Unidos ocasiona en gran medida el hambre y la pobreza que afectan a este
planeta. Afecta a los países latinoamericanos a partir de los tratados de libre
comercio (TLC), por ejemplo. El interés de Estados Unidos es que Latinoamérica
sólo consuma los productos que Estados Unidos elabora. Ni siquiera la comida
que estos países pueden producir es lícita para su consumo. Existen casos en
los cuales a los campesinos se les roba
la comida por no tener certificación del ICA. Montones de arrobas de comida,
sembradas, cultivadas por los campesinos, siendo enterradas ¿cuántas personas
tienen que morir para satisfacer las necesidades de la burguesía? Pero
la opinión común ve en la intervención gringa la esperanza de “progresar”
¿Acaso progreso significa autodestrucción?
Lo que hacemos aquí es
delinear ciertos rasgos del comportamiento burgués. ¿Ha de sorprendernos su
inhumanidad? ¿Ha de causarnos asombro la destrucción de la vida humana que
causa el burgués mediante el hambre y la pobreza? ¿Se sorprenderán las futuras
generaciones ante la malignidad del principio del “derecho natural”? ¿Nos
sorprendemos nosotros? Lo que se está naturalizando es la degradación de la
conciencia, pretendiendo hacer de la muerte un principio racional. Pero el
causar un daño al otro nunca parte de un principio racional. Ese daño se genera
por causas externas. En este caso,
económicas.
Ante esto no se sorprende
la conciencia del burgués. Su conciencia deprimente no se inmuta ante los daños
que pueda generar para la especie humana. Inclusive el dolor que pueda causar
le genera placer, estableciendo como principio que no hay mayor placer que en
ocasionar un gran dolor. Esta conciencia burguesa construye toda una filosofía
de la destrucción del otro. Construye una apología de la deshumanización, de la
irracionalidad. Le es grato el hecho de que pese a la miseria en la que se
hallan los pobres aún puedan estos trabajar y seguir subordinados a su poder. Y
si sus salarios representan menos que la subsistencia del trabajador esto es
para el burgués algo bueno. Lo bueno y lo malo son categorías peligrosas en una
época tan compleja como la nuestra. Las aseveraciones más insulsas o pueriles
se hacen validar cuando se escudan en lo bueno y lo malo. La simpleza de estos
términos imposibilita captar el proceso, que es lo que realmente importa. Para
los gringos y los burgueses en general es “bueno” que haya hambrientos y estos
trabajen por bajos salarios. Pero esto que es bueno en realidad puede
ser muy nocivo también para la economía de los estadounidenses.
Un último mito nos dice
que restringir
las libertades personales posibilita la erradicación del hambre y la pobreza.
Es un mito muy pueril que lo que busca es, aparte de la implantación de la
pobreza y el hambre, un orden autoritario. Las democracias reales han ido
eliminando este hecho. Pero la limitación que si cabe considerar para erradicar
el hambre y la pobreza es la limitación a la acumulación de capital. Pues esta
acumulación es la verdadera determinante del hambre y la pobreza.
Hablar sobre el hambre y
la pobreza es hablar realmente sobre nosotros mismos. Es hablar sobre nuestra
posición ante un destino, un destino creado por los seres humanos, en el cual
se nos sigue expropiando, se nos sigue robando, hasta morir de hambre. Por el
contrario, pocos son los que gozan, los que tiene propiedad, restableciendo con
ello la instalación del monopolio y justificando así, presentándolos a su vez
como algo natural, la esclavitud, el hambre y la pobreza. Lo importante es
diferenciar el carácter mítico de los presupuestos de la economía para realizar
la crítica a estos supuestos.
Andrés Acosta Barrera
Bibliografía
Noami Klein, Gonzalo
Palomino, Silvia Ribeiro, Karin Nansem. Con
la comida no se juega. Transgénicos y soberanía alimentaría. Colombia:
Fundación para la investigación y la cultura, 2002
Maurice Dobb. Introducción a la Economía.
Traducción de Antonio Castro Leal. Colombia: Fondo de Cultura Económica, 1998.
Primera edición en inglés, 1978
Alfred Von Martin. Sociología del
Renacimiento. Fondo de Cultura Económica.
Karl Marx. Manuscritos Económico-
Filosóficos 1844
Dante Aliguieri. La divina
Comedia
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