La verdad como presupuesto a la hora de contemplar un humedal

La verdad como presupuesto a la hora de contemplar un humedal

Parece que en el momento en el cual trasegamos por un humedal resulta inútil la contemplación del mismo cuando se afirma por  ejemplo que el humedal, en el proceso transitorio de las cosas, acabará por convertirse en una serie de edificios que se superponen una tras otro en forma vertical; quedando dicho lugar en el vestigio de un recuerdo grato. Resulta inútil quedarnos en la afirmación de que en el proceso necesario de la subsistencia del ser humano se efectué la transformación de su medio natural sin que se tome en consideración los daños y los quebrantos profundos que genera contra su propio ser. Resulta también inútil decir que esta transformación ha de efectuarse simplemente porque parte de la decisión de unos individuos, de una serie de motivos que definen de manera inexpugnable el devenir de las cosas, sin poder lograr refutación alguna sobre los hechos que subyacen en esos motivos; del mismo modo la consideración de la transformación de la naturaleza no ha de partir de criterios que partan de comparaciones con otros objetos, también abocados a la transformación, sin que se tome en cuenta, por tanto, la unidad concreta que constituye cada ecosistema.
La naturaleza constituye nuestro ser inorgánico. No obstante, parece que en nuestra época se lo considerase como algo extraño, ajeno. Esto se realiza cuando se habla abstractamente acerca de la naturaleza. Cuando se la define con una proposición dogmatica que pareciera invalidar diversas formas de comprensión. Cuando hablamos de la naturaleza hablamos de nosotros mismos. Si la definimos de un modo abstracto no resulta difícil comprender que la manera en que se define a la especie humana se haga de un modo igualmente abstracto. Lográndose con esto el propósito de las clases poseedoras del poder económico y político: la deshistorización o en otras palabras el olvido perpetuo del pensamiento. Se considera como algo perfecto el que las cosas sólo representen valores de uso y de cambio, en los cuales el principio hedonista se considera como el determinante de los mismos.  Resulta perfecto el que se desconozcan las implicaciones que tiene el comprar un determinado objeto, venderlo, apropiárselo y definirlo como propiedad privada, por ejemplo. Esto, de cualquier manera, es el modo en el cual trasegamos en el recorrido cuya etapa se denomina capitalismo. En esta parte del sendero el verdor de las hojas se oscurece, su destino final es adquirir una tonalidad grisácea, negruzca. Contemplándose así la destrucción de la fauna, la flora, la vida en general. Pese a ello ciertas fuerzas operan contra este exterminio. Abocadas ellas a la destrucción de aquella penuria psíquica la cual se arroja a devorar simplemente, sin dejar nada a su paso. Lo que se opera en el juego de las fuerzas que se abocan o bien, en parte, a la preservación, el mantenimiento y la protección de la naturaleza o bien, en parte, a la extinción de la misma, es la lucha entre intereses que se dirigen a expandir la vida o la muerte.
Muchas son las ramas del pensamiento humano, sus extensiones cobran mayor vigor y plenitud. A veces llegan los momentos de la decadencia y estas ramas se ven obligadas a quebrarse, caer al suelo, desprenderse de lo que es su totalidad, pereciendo así en una aparente soledad irreversible. Ciertos conocimientos que en su momento constituyeron una pieza clave para la evolución de la vida, en otro momento resultaron obsoletos. Sin embargo nunca deja de ser obsoleto el preguntar por la razón de la vida. El ser humano, es en esencia un ser pensante, y su desarrollo humano consiste, por tanto, en el desarrollo de su pensar. Lo esencial de este desarrollo es reconocerse a sí mismo, por tanto, captar su propia historia. ¿De qué modo ha de efectuarse dicho captar? ¿Cuál es el modo histórico y conceptual para platicar acerca del contenido, la finalidad de dicho saber, acerca de la practicidad del mismo, su generalidad? ¿Cómo el desarrollo del pensar que implica concebir las diversas formas de pensar e interactuar con la naturaleza nos permitirá dar pie a la consolidación real de la protección de la naturaleza en la esfera de la economía, la política, la sociedad civil, la cultura, etc.? Estas preguntas son las que pretenden desenvolver un pensar que se aboca a la reflexión de la relación de la especie humana con la naturaleza. Y con ello dar pie a la búsqueda de la verdad a la hora de determinar el valor real de la naturaleza, no solamente como seres que están por “encima” de ella sino también que están con ella.

Andrés Acosta Barrera

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