Introducción a Descartes
https://www.youtube.com/watch?v=PHL980UEIc8
Descartes es considerado el fundador de la filosofía
moderna en tanto descubre la subjetividad. La negación del lenguaje del
escolasticismo, la negación del lenguaje de Aristóteles, lo obligo a buscar el
fundamento de la experiencia. Dicho fundamento se centra ahora en el
pensamiento, como aquel motor del cual parten todas las representaciones.
En el discurso del método encontramos precisamente
una modalidad del pensar que es la apropiada para demostrar la objetividad del
pensar. Esto es la duda. Descartes alerta sobre la dificultad que para muchos
se establece a la hora de tomar la resolución de alejarse de las opiniones y
los prejuicios creados por el ejemplo y las costumbres. Si bien Descartes habla
de la utilidad de los diversos saberes que aprendió con los jesuitas, señalo la
incapacidad de dichos saberes por consolidar un saber seguro que permita
caminar, según sus palabras, tranquilamente en la vida. Sobre las costumbres y
sobre el ejemplo de los preceptores se lanza la duda cartesiana pues al momento
de contrastar las costumbres de otras culturas da cuenta de que lo que se
consideraba racional en su tierra se considera irracional en otras tierras, del
mismo modo que en otras tierras lo que se considera racional en su tierra se lo
considera irracional y bárbaro. De ahí que el conocimiento basado en el ejemplo
y la costumbre sea susceptible de ser refutado por otro tipo de experiencias,
las cuales demuestran que aquellos no son los verdaderos criterios para dirigir
la razón. La duda entonces se desplaza al plano de la individualidad que
pregunta por aquello que percibe mediante sus sentidos. Da cuenta que su visión
lo engaña pues al ver ciertas cosas de lejos y darles un nombre, estando ya
cercas cambian de figura. Este cambio ocurre también al relacionar un
determinado ruido con algún objeto para dar cuenta luego que ese ruido y ese
objeto son diferentes de los que primeramente concebía. Para señalar la
ineficacia de establecer la sensibilidad como única facultad que percibe la
realidad, Descartes se remite al sueño. Pues a través del sueño tenemos
experiencias que parecen experimentar una mayor viveza que las experiencias de
la vigilia. De manera que podría estar soñando que estas manos que escriben
obre esta hoja son falsas, como también es falso el bombillo que está en el
cuarto, así como es falso el cuarto mismo. No satisfecho con esta abstracción
es posible dudar sobre el universo mismo como una falsa ficción producto de un
sueño.
Quizá en el mundo falso del sueño las verdades
matemáticas sigan manteniendo su orden independientemente de si se está dormido
o despierto. Estas figuras, estas líneas, aquellos símbolos como la suma, la
resta, la división y la multiplicación son ideas que no dependen de las
sensaciones. De ahí que tanto dormido como despierto 2 + 3=5
Hasta ahí parece que todo acaba. Parecería hasta
aquí que la matemática es el único criterio que al abstraerse de la experiencia
se convierte en el fundamento de la misma. Pero la duda sigue resonando, sigue
latiendo. ¿Qué ocurría si un genio maligno me obligase a creer en la verdad de
la matemática y sin embargo sigo creyendo que es algo cierto y verdadero? ¿Cómo
es posible entonces salir del engaño? ¿Cómo llegar a la verdad si ésta es el
producto de la falsedad de aquel genio? Hasta
aquí parece que no existe resolución alguna. Una tras otras pasan las
experiencias sensibles y las experiencias pertenecientes al pensar y sólo se
encontrara la duda y la desconfianza a cualquier tipo de representación que se
presente. Pero estando al borde del total escepticismo Descartes afirma: si el
genio maligno es capaz de engañarme, si es capaz de sumergirme en un mundo de
ilusiones y fantasía, es necesario que yo sea algo. Si no fuese algo difícilmente
podría engañarme. Si soy algo, una cosa ¿qué tipo de cosa soy? ¿qué tipo de
objeto soy yo? Si a lo largo de esta meditación no he hecho otra cosa que
dudar, pudiendo abstraer la totalidad del universo, de lo único que no puedo
dudar es que precisamente sigo dudando. La duda se determina como una forma de
pensar y como esta duda puede ser algo irrefrenable, Descartes afirma Pienso
luego existo. He aquí que el fundamento de la realidad radique en el pensamiento
pues es aquello de lo cual no se puede dudar. El descubrimiento de Descartes
consiste precisamente en que el pensamiento es como una máquina que no cesa de
funcionar. Una máquina que de ahora en
adelante es atributo de todos los individuos.
“El buen
sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual
piensa que posee tan buena
provisión de él,
que aun los más descontentadizos respecto
a cualquier otra
cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es
verosímil que todos se engañen, sino que más
bien esto demuestra
que la facultad
de juzgar y
distinguir lo verdadero
de lo falso,
que es propiamente lo
que llamamos buen
sentido o razón,
es naturalmente igual
en todos los
hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras
opiniones no proviene de que unos
sean más razonables que otros,
sino tan sólo
de que dirigimos
nuestros pensamientos por
derroteros diferentes y no
consideramos las mismas
cosas. No basta,
en efecto, tener
el ingenio bueno;
lo principal es aplicarlo
bien. Las almas
más grandes son
capaces de los
mayores vicios, como
de las mayores virtudes; y
los que andan
muy despacio pueden
llegar mucho más
lejos, si van
siempre por el camino recto, que los que corren, pero se
apartan de él.”
El sentido común, el buen sentido, etc. se define
como la facultad de juzgar o distinguir entre lo verdadero y lo falso; la
demostración de esto se halla en la diversidad de opiniones que se manifiesta
por doquier; dicha facultad está presente en todos los hombres. Sin embargo “No
basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien” En lo
que toca a dicha aplicación es imprescindible la elaboración de un método,
plantear un modo de ver las cosas que nos permite llegar a la objetividad; una
serie de reglas que brinden la llave para abrir el camino del conocimiento. Camino
por lo demás extenso y en el cual la resignación ante el camino es lo que surge
a flor de piel. Diversos momentos constituyen este camino: el principal de
ellos es la autognosis o mejor dicho el famoso precepto “conócete a ti mismo”;
determinando plenamente el contenido del individuo, y las formas que
constituyen su ser, es posible hablar de sus posibilidades de extensión y con
ello el nivel de su aplicabilidad.
Los criterios que darán la pauta para la veracidad
del conocimiento son la claridad y la simplicidad, por lo que bastaran reglas
simples y claras que indiquen la estructura del método, son dichas preceptos
elaborados por Descartes los siguientes:
“Fue el primero, no admitir
como verdadera cosa alguna, como no
supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis
juicios nada más que
lo que se
presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese
ninguna ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una
de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en
cuantas requiriese su mejor solución.
El
tercero, conducir ordenadamente
mis pensamientos, empezando
por los objetos
más simples y más fáciles de
conocer, para ir ascendiendo poco a
poco, gradualmente, hasta el
conocimiento de los más compuestos, e
incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.
Y el último,
hacer en todo
unos recuentos tan
integrales y unas
revisiones tan generales,
que llegase a estar seguro de no omitir nada.
Esas
largas series de
trabadas razones muy
simples y fáciles,
que los geómetras
acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado
ocasión de imaginar
que todas las cosas,
de que el
hombre puede adquirir
conocimiento, se siguen
unas a otras
en igual manera, y que, con sólo
abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre
el orden
necesario para deducirlas
unas de otras,
no puede haber
ninguna, por lejos
que se halle situada
o por oculta que esté, que no se
llegue a alcanzar y descubrir.”
El ejercicio reflexivo de Descartes (1596-1650)
logro la plena elaboración de lo que es la subjetividad. Considerando este
concepto como parte fundamental de la construcción de la filosofía moderna. La razón de esto estriba
en que es la razón la que determina la forma de la realidad. Esto lo
comprobamos al hablar en términos de longitud, altura, profundidad. Los
conceptos que desde este punto de vista vienen a desarrollarse constituyen poco
a poco la trama, la constitución de la razón. El logro pleno de esto lo
encontramos en la Crítica de la razón pura (1781) en la cual encontramos una
investigación cuyo objetivo es dar cuenta del cuerpo de la razón. El método
deductivo es el mismo en ambos casos. Tanto para Kant (1724-1804) como para
Descartes se hace necesario partir de unos principios, unos supuestos a partir
de los cuales se desarrollan una serie de conclusiones; las limitaciones de
dicho estudio las otorga el desarrollo de los conceptos mismos. De ahí que
partir del yo sea esencial, pues cada proposición, cada juicio elaborado por
éste, implica una construcción previa del individuo, que responde a ciertas
categorías, ciertas estructuras a priori. La profundización filosófica cobra en
este sentido un valor mayor pues los cuestionamientos se extienden a todos los
contenidos del lenguaje y la materia con la que el individuo tiene un encuentro
inicial.[1]
¿En qué consiste la fórmula de la duda metódica de
Descartes?
¿De qué manera contribuye Descartes a la reflexión
filosófica?
¿En qué consiste el descubrimiento de Descartes?
[1] Sobre esto Kant considera que las dos fuentes del conocimiento son la
sensibilidad y el entendimiento. “Como introducción o nota preliminar, sólo
parece necesario indicar que existen dos troncos del conocimiento humano, los
cuales proceden acaso de una raíz común, pero desconocida para nosotros: la sensibilidad y el entendimiento. A través de la primera se nos dan los objetos, A través de la segunda los pensamos”. Kant, Immanuel.
Crítica de la Razón Pura. Traducción de Pedro Ribas. México: Ed. Taurus, 2008.
Primera edición en Alemán 1781. P. 60, 61https://www.youtube.com/watch?v=PHL980UEIc8

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