Introducción ¿Para qué sirve pensar críticamente?
Introducción
¿Para qué
sirve pensar críticamente? una aproximación a la obra de Immanuel Kant.
Esto surge con el grupo de investigación de la filosofía de Kant a cargo del Profesor Guillermo Muñoz Castelblanco.
Existe una gran preocupación filosófica respecto a la
reflexión que no logra ser lo suficientemente profunda como para eliminar gran
parte de la confusión y la ambigüedad que posee el lenguaje. Esto de no generar
polémica, contradicción y debates acerca del verdadero tratamiento que se
realiza con las palabras genera como consecuencia la barbarie, la irreflexión,
la arbitrariedad y la locura. Existen dificultades no resueltas, que no
permiten en modo alguno dar un rumbo al pensamiento que tenga como objetivo la
comprensión de lo que significa la humanidad, la racionalidad, la
transformación del mundo.
En efecto, la época actual es demasiado compleja y no
es posible, a primera vista, saber cómo se organiza y se reproduce el mundo
contemporáneo. Para ello se precisa el trabajo de pensar seriamente y si bien
es una época cuyos alcances científicos, artísticos, políticos, ideológicos,
culturales, etc., han sobresalido en cuanto a refinamiento y agudeza, grandes
masas de la población mundial carecen de los frutos de este trabajo social
humano. Frente a la riqueza del mundo laboral, del mundo del pensamiento, se
pone al frente un discurso y, una práctica social que tienden a la negación de
tal riqueza, a la negación de los adelantos del progreso, consolidando de
manera brutal un ámbito miserable y vil.
Las contradicciones que se ponen frente al individuo
actual sólo se hacen visibles para el ojo de la crítica, para la observación
crítica, que pone de presente las diferencias, las sutilezas, las discusiones,
los cuestionamientos, posibilitando así una comprensión del mundo. La necesidad
de la comprensión, de la realización del pensamiento, situándose el individuo como
un ciudadano del mundo, consciente de las problemáticas del mundo social, tiene
su fundamento en el pensamiento humano y en la necesaria formación de la
subjetividad.[1]
Por lo dicho, se precisa generar mayor discusión
acerca del importante papel que tiene la educación como el ámbito que
posibilita el desarrollo del pensamiento crítico, el pensamiento científico,
filosófico, social. El papel del individuo actual no puede reducirse al de
someterse a las condiciones de vida en que nace, sin siquiera saber y
comprender sobre la naturaleza de aquellas condiciones y preguntar, luego de
aquello, si está de acuerdo con esas condiciones. De tiempo atrás la humanidad
se pone frente a la cuestión de hallarse sometida a toda clase de poderes,
siéndole algo dificultoso sobrepasar el umbral de la esclavitud, la coacción. La
libertad que hoy en día se pone en subtítulos de constituciones, decretos,
estatutos, canciones e himnos es algo reciente y, no obstante, pareciera en
muchos casos ser una ilusión, una simple quimera. La pregunta sobre esa
posibilidad de la libertad se ha hecho no pocas veces, aunque pocas veces se
habla de quienes han luchado por esto. ¿No es paradójico que en las escuelas de
hoy la libertad resulta ser un tema poco discutido y por lo general, se opta
por la opresión, la vigilancia y el control? Quizá es esto una exageración,
aunque lo ideal sería que la exageración se convierta en algo natural.
¿Para qué sirve pensar críticamente? ¿Qué significa
pensar de manera filosófica? ¿Cuál es el papel que le corresponde a aquellos
que están en el papel de debatir, discutir, hacer conocer las manifestaciones
del pensamiento de la humanidad?
Difícil es en el campo de la reflexión saber que temas
tratar y abordar, debido a la múltiple variedad, manifestación y adquisiciones
de la cultura. Por supuesto, esta dificultad se reduce al precisarse el tipo de
saberes y contenidos que se vinculan con áreas del conocimiento cuyo objeto de
estudio cambia. Ahora bien, frente a esta separación de las ciencias y los
conocimientos, podría suponerse la posibilidad de desarrollar una comprensión
sistemática de todos aquellos saberes, apreciando en ello, de manera general, el
trabajo del intelecto humano que se expresa como pensamiento, como lenguaje.
Trabajar en la comprensión de los saberes humanos, las prácticas de tipo intelectual,
artístico, manual, mecánico e industrial supone poder organizar aquel saber con
base en el lenguaje humano.
La actividad de la filosofía como la actividad de
reflexionar sobre la capacidad de producir lenguajes es una actividad
genuinamente filosófica. Esto se aprecia en la historia escrita, presente en el
pueblo griego, al hallar en ella reflexiones acerca del ser, del lenguaje, del
logos, del arje, etc. De un modo
similar en la época moderna Descartes hace del sujeto pensante el fundamento de
su sistema de pensamiento, convirtiéndose en el paradigma del siglo XVI y los
siglos siguientes. Pero en todo este esfuerzo de más de 2500 años subyace el
interés de querer orientar una significación sobre la naturaleza del
pensamiento y el lenguaje. ¿de qué manera está constituido el pensar? ¿por qué
el interés de definir de cierto modo y manera el recorrido del ser, la ruta, el
ámbito o la imagen de lo que es el pensar?
Estas preguntas exigen, en todo momento, una respuesta
y ha sido bastante complicado la elaboración de éstas. Se ha requerido, en todo
caso, la necesidad de una orientación. En la historia del pensamiento filosófico
es posible apreciar esas respuestas, aunque también las peculiares formas de
interrogar acerca de la esencia o la definición del pensamiento, la razón,
siendo esto una de las actividades fundamentales de la reflexión filosófica.
Las reflexiones acerca de la importancia que subyace
en la actividad del pensamiento se precisa realizarlas de cuando en cuando,
puesto que se ponen a la hora del día tendencias o posiciones del pensamiento,
que niegan el carácter racional del hombre, maneras o formas de razonar que no
escatiman en denigrar o desvalorar las capacidades constructivas y creativas de
los individuos.[2]
Tales mecanismos de negación de la razón y del reconocimiento de la autoconciencia,
han ocasionado la dificultad de considerar como necesario una sociedad de tipo
democrático o de carácter igualitario, que no sólo pretenda un falso
enriquecimiento monetario, sino que, por el contrario, pretenda realizar una
sociedad de los saberes y los conocimientos.
Una de las respuestas más controversiales y
sorprendentes en la historia del pensamiento humano acerca del carácter del
pensamiento y el lenguaje, se encuentra en la obra de Immanuel Kant. En caso de
querer afrontar una respuesta seria y contundente respecto a las preguntas
acerca de lo que es la razón humana, se está frente a un autor cuya vida dedicó
grandes esfuerzos por resolver el enigma de la capacidad intelectual humana. El texto clave para resolver, de acuerdo con
la época contemporánea, el problema de lo que es la razón, la realidad, la
subjetividad, la objetividad, se llama Crítica de la razón pura. Este texto
demanda bastantes esfuerzos para ser comprendido, para lo cual se requiere cuestionar
certeramente por el real interés presente en esta obra, poner de manera explícita
cuál es el fundamento de esta investigación, para saber de qué manera ubica
Kant su tesis sobre la definición de lo que significa el lenguaje, el
pensamiento, la subjetividad.
En la obra de Kant se encuentra el comienzo de la
época contemporánea, una época que se caracteriza por el complejo desarrollo de
la sociedad capitalista, el importante desarrollo de la ciencia, el arte, la
cultura, la consolidación de los nacientes estados nación, así como la amplitud
de miras al reconocer otras latitudes y otro tipo de culturas y comunidades
humanas y en muchos casos “salvajes”. Lo fundamental, no obstante, desde la
perspectiva filosófica, corresponde al acento que se hace sobre la subjetividad
como aquella que se hace cargo de la producción del mundo, como aquella que se
responsabiliza de la objetividad, en el sentido de que no existe nada que no
dependa de los intereses y el lenguaje humanos.
Para ampliar
esto se requiere no perder de vista que lo fundamental para Kant consiste en
reconocer que la subjetividad es aquella fuerza productiva, a partir de la
cual, se hacen presentes las determinaciones de tipo estético, conceptual,
histórico, cultural, configurando esto la realidad del individuo. En una obra
como la de Ernst Cassirer llamada Antropología filosófica se ponen uno a uno
temas como la cultura, el mito y la religión, el arte, la historia, la ciencia,
como aquellas dimensiones que tienen su base en la capacidad de poner en juego
vínculos, relaciones, síntesis, mediadas por el lenguaje y la capacidad
racional. (Cassirer, 1944)
El horizonte en el cual se desarrolla la actual
sociedad tiene su eje en lo que Descartes denomino como cogito ergo sum, pienso luego existo. Se consolida
consecuentemente, a partir de esto, la construcción de una nueva época, una
nueva imagen del mundo que dio pie a nuevos interrogantes y enigmas. El aporte
filosófico que aquí se manifiesta, tiene que ver con la significación novedosa
de la reflexión del pensamiento, al dirigirse no a las cosas mismas, sino al
pensamiento mismo, poniendo el acento no en lo externo, que ha de reconocerse
como algo desconocido, sino en la dimensión interna, en lo que se podría llamar
como el continente de la subjetividad. Esto tiene consecuencias notables como
la realización de la geometría analítica, el desarrollo de la física
newtoniana, que son objetos que no tienen su base en experiencia empírica
alguna, producto de la sensación de los sentidos, sino en la capacidad a priori e innata de las ideas. Por esta
misma senda se mantiene Kant, y su aporte a esta discusión consiste en
demostrar aquello que, en relación con el lenguaje y los juicios, tiene una
existencia que no depende de la sensibilidad y la experiencia empírica y tiene,
por el contrario, su razón de ser en el ámbito propio del individuo, su razón.
El reconocimiento de la capacidad de la razón,
situándola como la responsable de configurar el mundo actual, permite la
perspectiva crítica, debido a que este término, remite a la acción del
individuo y al reconocimiento de la continua presencia de éste, en las
determinaciones del mundo que le rodea.[3] Se aprecia en esta actitud
la dignidad del pensamiento en la reflexión acerca de sí mismo, menospreciando
el interés por otra cosa distinta a la capacidad racional. Esto no es algo que
se presente en el diario vivir, donde lo que importa es el mundo de las
mercancías, el capital, el comercio, la utilidad práctica, el consumo, el
entretenimiento, la apariencia, haciendo caso omiso de aquello que determina y
posibilita la forma y el contenido de aquello que se dice y preocupa en la
cotidianidad. ¿Se pregunta acaso en el diario vivir de las poblaciones?: ¿Qué
significa pensar, de qué modo se expresa el lenguaje en su compleja historia y
modalidad? ¿de qué manera pensar sobre esto contribuye a la formación del
presente?
Esto se aprecia de un modo complejo y extenso en la obra
de Hegel quien considera, a partir de la tesis del ser como posición, ubicar la
historia del pensamiento a partir de la subjetividad. La crítica de la razón
pura comienza la investigación sobre el modo como la subjetividad construye el
mundo, demostrando el carácter del sujeto, mediante la reflexión de la estructura
de la sensibilidad y el entendimiento. En cualquier caso, sea a partir de la
reflexión de una representación innata o a priori o la reflexión de la representación
cuyo origen se vincula a la relación con un fenómeno, es la subjetividad la que
pone y ubica este fenómeno, siendo su lenguaje y su sensibilidad o estructura
espacio temporal, la que posibilita la aparición del fenómeno de los objetos,
la objetividad. No obstante, el estudio
de la historia del pensamiento, desde este criterio, posibilita encontrar niveles,
posiciones del pensamiento, figuras de la conciencia (conciencia, autoconciencia,
razón, espíritu), que muestran la complejidad del lenguaje humano. No es cierto
que el lenguaje se refiera únicamente a lo singular o particular de las cosas. Como
tampoco es valido para Hegel considerar la experiencia cotidiana o inmediata (certeza
sensible), algo en lo que la reflexión filosófica deba detenerse de manera exclusiva.
Esto se aprecia en su crítica a Schelling, en el prólogo de la Fenomenología
del Espíritu y es algo que, siguiendo a Schelling, aparece con la filosofía
promulgada por el pre-facismo (la filosofía de la vida), el vitalismo, el dadaísmo,
la exacerbación de los fundamentalismos religiosos, etc. Hegel propone, por el
contrario, situar la reflexión en la reflexión sobre la particularidad de aquellos
niveles, sus mediaciones, la extensión o la totalidad presentes en cada nivel y
en su totalidad, construyendo así una noción o concepto del proceso, no
presente en la obra de Kant. Esto permite situar la reflexión en ámbitos concretos
como la cultura, el mundo humano como mundo determinado por el lenguaje y la
actividad del sujeto, siendo la visión particular del individuo y su interés por
la cotidianidad no preocupada por la subjetividad, algo vago y superficial.
[1] A mediados del siglo XX y comienzos del XXI se han
presenciado en sitios como Latinoamérica numerosas manifestaciones relacionadas
con el derecho a la educación pública y gratuita. En Colombia se ha presenciado
esto recientemente, sin olvidar que se trata de una larga y difícil situación
que ha llegado hasta hoy. No se puede caer en el error de creer que lo único
que requiere la universidad pública es un poco de dinero para su garantía en
cuanto a infraestructura. Debe ampliarse
la discusión en lo que tiene que ver con mejorar la calidad académica,
posibilitando temas de investigación, salidas de campo, financiación de
proyectos de alta envergadura, reconocimiento y estudio del país, acceso a las
decisiones políticas y económicas para evitar procesos de cohecho y corrupción,
vínculos a nivel internacional para el reconocimiento de otras culturas, así
como de las propias en su aspecto multicultural y multifacético, etc.
[2] Esto en una
época de negación de los derechos humanos, de serias dificultades para asumir
el control de las consecuencias ocasionadas por el cambio climático, de
imposibilidad de apoyar, respaldar y poner en práctica decisiones relativas a
las mejoras sociales, económicas y culturales, etc.

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