¿Qué es la crítica de la razón pura?
¿Qué es la crítica de la
razón pura?
La labor realizada por
Kant conocida como la Crítica de la Razón Pura significó un viraje decisivo en
la investigación filosófica puesto que consolido de manera concreta la
estructura del yo pienso. Frente a la tradición del pensamiento
expresada por los antiguos filósofos griegos y la actividad del pensamiento
realizada en la edad media, se pone en juego una discusión acerca de la
importancia de reconstruir el fundamento de la experiencia, a partir de la
subjetividad, deshaciendo con ello la creencia de que en la naturaleza se
encuentra el contenido y la forma del saber. En términos más sencillos se
consideró pertinente como certeza y criterio reflexivo estudiar la estructura
del pensamiento, el modo como el lenguaje se comporta, restando importancia así
al estudio de las cosas en sí mismas. Por tanto, el objetivo de la crítica
kantiana reside en estudiar qué son los juicios y de qué modo construyen estos
juicios la objetividad. Para Kant la realidad humana tiene su base en el
lenguaje. Es sobre esta capacidad donde se reconoce lo que es esencialmente el
ser humano, siendo por esto necesario estudiar y explicar aquello que da
sentido y significación a la realidad humana. La crítica es, por tanto, someter
a consideración todo aquello que es dicho por los humanos bajo la perspectiva
de la producción del sujeto, como aquel que atribuye significado a aquello que es.
Frente a la tradicional manera de comprender el fundamento de la objetividad,
que pone como fundamento a la sustancia que se manifiesta como la naturaleza o
aquello que es externo al humano, se propone ahora que dicho fundamento subyace
única y exclusivamente en el pensamiento.
Los principios y reglas que organizan aquello
que se aparece como algo coherente se encuentran, no ya en lo natural y el
ámbito material, sino en la estructura del pensamiento. De manera general se consideran
estos principios o reglas pertenecientes a la razón como objetos a priori, es
decir, como objetos independientes de la experiencia empírica. Esto se hace
claro al reflexionar sobre la naturaleza del mundo matemático y de la teoría
física cuyas verdades no tienen sus raíces en la relación con lo externo,
mediante la sensibilidad, sino en la capacidad racional. La coherencia que
existe en el lenguaje de estas ciencias hace suponer que aquello que se
denomina mundo depende en gran medida del modo y la manera como funciona el
lenguaje, restringiendo el papel que representa el ámbito externo al sujeto,
esto es, la relación empírica. Por supuesto, Kant no admite el dogmatismo del
racionalismo de considerar que todo depende únicamente del entendimiento,
considerando obsoleto así los principios que demarcaban el terreno del
empirismo. Existe en esta obra una reflexión novedosa acerca de la experiencia
empírica, esto es, la experiencia que surge cuando se relaciona el sujeto con
la materia externa a él, afirmando que para ser posible esta experiencia se
precisan de condiciones universales y necesarias, que hacen de esta experiencia
con el ámbito externo algo coherente y constante; estas condiciones son el
espacio y el tiempo, las cuales son definidas por Kant como formas puras de la
intuición. Se precisa, claro está, una mayor explicación de esta temática,
puesto que se propone someter a crítica el modo de pensar y la manera de
determinar lo que se llama la experiencia. Lo que vale la pena resaltar aquí es
poner en consideración central la actividad a priori o pura del pensamiento que
permite y posibilita la construcción de la objetividad.
¿Cuál el principal
problema que señala Kant al comienzo de la introducción de la Crítica de la
razón pura?
Es central en la
exposición de lo que es el Yo pienso afirmar el carácter contradictorio del
pensamiento. Desligando plenamente la relación que supone la relación que
separa al sujeto y el objeto, (como algo independiente) de la interpretación
filosófica, suponiendo, por el contrario, que el objeto es producto del sujeto,
se hace con esto difícil de explicar la trama que se desenvuelve en la
construcción realizada por el pensamiento. Basta apreciar el extenso camino
recorrido por las mediaciones del pensamiento, las cuales pueden apreciarse en
la historia de la cultura para advertir los múltiples cuestionamientos y las
respuestas de toda clase, que no se ponen de manera aislada, uno frente a otro,
sino que se mezclan y confrontan de manera tal, que en muchas ocasiones es
difícil comprender la textura y el contenido presente en las determinaciones
del lenguaje. La imposibilidad de explicar plenamente la naturaleza de la
subjetividad que se hacia manifiesta en las posiciones del pensamiento premoderno,
racionalista y empirista conllevó a Kant a buscar y descifrar de un modo no
dogmático el real carácter del pensamiento en la aceptación de las complicadas
e irresueltas contradicciones, en las que se enreda y confunde la razón humana.
Surge la contradicción debido a las diversas posiciones a partir de las cuales se
construye una determinada perspectiva de mundo. Esto lo comprendió de un modo
mucho más preciso Hegel quien expone en la Enciclopedia de las ciencias
filosóficas, las posiciones del pensamiento frente a la objetividad. (Hegel, 1974, págs. 36-74)
De la siguiente manera
ubica Kant la problemática central de la Crítica de la razón pura “La razón humana tiene el destino singular, de
hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la
misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por
sobrepasar todas sus facultades” (Kant, 2008, pág. 8) Se pone de presente
como algo que no hay que perder de vista en la lectura del texto, el proceso
del lenguaje humano en el que, a partir de la contradicción, se construye a sí
mismo. El destino de la razón es hallarse acosada por contradicciones; sin que
lo quiera el sujeto, la razón está en la labor de poner continuamente las
antinomias o contra reglas, que obligan a la razón a querer justificar sus
posiciones que, en muchos casos, se oponen entre sí. El fenómeno de la
contradicción, de la ambigüedad evidente en los juicios y posturas, las cuales
por sí mismas efectúan una mediación compleja, en la necesidad de justificarse
a sí mismas, ha conllevado a que el pensamiento también se vea en la
incapacidad de resolver plenamente, sus propias dudas, sus cuestionamientos.
¿es la razón incapaz de resolver las cuestiones que se
pone a sí misma?
La valoración de la capacidad racional es algo que
también surgió con la modernidad. Si bien este fenómeno de la importancia del
carácter racional de los individuos se origina en el pensamiento socrático, al
considerar el alma o la psique como sede de la inteligencia y de lo permanente
en el humano, cabe decir que, desde la perspectiva de la religión, por ejemplo,
el cual tuvo un auge dominante en la era medieval, tal admiración y orgullo por
la inteligencia humana cedió en importancia frente al poder y la inteligencia
divinas. Precisamente, uno de los motivos que hizo del Discurso del método un
libro prohibido por la Inquisición, es aquella soberbia que se advierte en la
formulación de que la realidad, la existencia humana, se basa originariamente
en el raciocinio, en la producción del pensamiento.
Decir que yo soy el que determina lo que es y
lo que no es, que las cosas tienen sentido sólo si se reconoce que, en
el trasfondo, su posibilidad de ser depende de la estructura del pensamiento,
es algo que no cabe en las estructuras del pensamiento religioso, el cual
admite la existencia de cosas más allá del entendimiento humano, haciendo de
estas cosas algo incognoscible para la simple razón y además, mucho más
fundamentales o relevantes que lo susceptible de ser comprendido en la
experiencia humana. Tal es la posición de un pensador como Pascal quien admite la
imposibilidad de comprender los misterios de la fe, ocultos para la razón. Sin
embargo, dejando de lado cualquier expresión proveniente de la metafísica
premoderna, se consolida como criterio firme la afirmación de que la razón pone
en todos los contenidos y formas de la determinación del lenguaje, el sentido y
significado de las cosas, de lo real. Pero ¿es posible, con la aceptación de
este principio, resolver las contradicciones y antinomias construidas por el
pensamiento? ¿no resulta desalentadora la afirmación de qué la razón no puede
resolver sus propias inquietudes, debido a que estas sobrepasan todas sus
facultades?
El tema de resolver los conflictos planteados por el
lenguaje tuvo su inicio con Descartes, quien develó la necesidad de lograr la
claridad y la certeza en cuanto al modo de pensar. Plantea para ello un método
similar al matemático en el cual simplificar, despejar y demás operaciones
permiten resolver problemas intricados. Desde la perspectiva filosófica, el
problema de simplificar mediante el análisis, es decir, de la descomposición de
la estructura del pensamiento, permite captar los principios, desde los cuales,
se erige la estructura general del pensamiento. De manera biográfica expresa
Descarte su desprecio por la educación recibida, en la inutilidad que advierte
en el saber heredado. Si bien da cuenta de aspectos positivos cuando se saben
temas como historia, poesía, filosofía, matemáticas, teología, medicina, etc.,
no merecen, en cualquier caso, este saber el apelativo de lo más digno y
necesario. Poniendo en entredicho el contenido del pasado, de la forma de
educarse presente en su época, somete a debate Descartes la certeza de aquello
que se vive en el ámbito de las experiencias cotidianas, así como el modo de
proceder el pensamiento en su proyección de contenido, el cual es considerado
como falso o aparente. Negando la historia, su propio cuerpo, así como las
ideas establecidas como ciertas o falsas, considera Descartes que lo único
cierto es la formula de que el pensamiento es lo único real.
El yo pienso no sólo representa un comienzo
sino también un final, el resultado de un proceso muy complejo en el que la
conciencia tuvo que realizar toda clase de esfuerzos para lograr así,
plenamente, la comprensión de sí misma. Es precisamente la autoconciencia el resultado
de las épocas que se han esforzado, en lo posible, de lograr la libertad del
pensamiento. La matemática represento así la posibilidad de unificar y
conceptualizar las ideas, logrando así la posibilidad de organizar la
estructura del pensamiento, resolviendo con esto la ambigüedad del lenguaje.
Esto que pareciera ser, en ocasiones, algo sin importancia, permitió la
posibilidad de desarrollar las ciencias, en toda clase de perspectivas, que
tuvieron su origen en la matemática cartesiana. Ciencias como la biología, la
química, la física, abrieron todo un campo de posibilidades del pensamiento,
condicionados fundamentalmente por la conciencia de la subjetividad.
Andrés Acosta Barrera
Lic. en Filosofía

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