Sobre la Fenomenología del espíritu. 28.12.20
Sobre la Fenomenología
del espíritu. 28.12.20
De tiempo atrás han afirmado los filósofos que lo más
importante que caracteriza al ser humano es su capacidad de pensar. Ha sido
esto un descubrimiento clave desde tiempos remotos puesto que esto ha generado
la posibilidad de cuestionar qué es esta capacidad. ¿Qué significa, en efecto, pensar?
La posibilidad de imaginar, recordar, de establecer relaciones entre una idea u
otra, de crear representaciones, conceptos, etc., corresponden en general a lo
que compete a dicha capacidad. Pero de manera sintética podría afirmarse que
pensar tiene que ver con la posibilidad de expresar juicios, de establecer
proposiciones, como cuando se dice, qué es eso, eso es una manzana,
esta manzana es de color rojo y no verde, etc. Sin embargo, no basta con
que la especie humana realice este tipo de juicios y proposiciones, los cuales
surgen de manera espontanea y no repetitiva; es pertinente y necesario lograr
la reflexión sobre lo que es el pensar mismo.
¿Es una necesidad pensar sobre el pensar? Por lo
general, estar habituados a la expresión del lenguaje, el cual se manifiesta
cotidianamente, elimina la necesidad de reflexionar sobre el pensamiento. La
razón de esto se encuentra en el carácter práctico que tiene el lenguaje, el
cual permite realizar sin mayor inconveniente las acciones que un sujeto requiere
realizar en el día a día. No hay problema alguno, por ejemplo, cuando se
designa que una mesa es una mesa, una calle es una calle, el sol es
el sol. Nadie sospecha de la posible falsedad del nombre que cada uno posee;
sin mayor inconveniente o temor se dice me llamo Andrés o Miguel o Julián,
Luisa, y sería extraño que alguien cuestionará, ¿es este mi verdadero nombre?
¿realmente hoy es jueves 24 de diciembre? ¿en verdad está de día? ¿se llama
este territorio Colombia? Sospechar sobre cada termino, cada palabra, pondría
en aprietos a los sujetos y eliminaría, quizá, su interés por dedicarse al
mundo práctico.
No obstante, este interés por el cuestionamiento sobre
el modo de ser del lenguaje, del pensamiento, ha sido la labor de la
filosofía, puesto que para este saber existe la sospecha de que lo real o la
verdad no es aquello que se dice de manera inmediata, cotidiana, siendo
necesario preguntar por las ideas, por los pensamientos, para acceder con esto
a la comprensión de lo real. Acerca de esto, filósofos como Platón postularon
concepciones como la verdad, la apariencia, la falsedad, lo real, el
conocimiento, la ignorancia. Es muy conocida la Alegoría de la Caverna, en el
que se ponen en juego estas contradicciones a través de la metáfora de la luz y
la sombra, el encierro y la libertad, la visión real de las cosas y una visión
aparente de estas. En efecto, sobre estas contradicciones se desenvuelve el
pensamiento humano, siendo difícil, por tanto, afirmar que en todo momento tratan
los sujetos con lo real, lo verdadero, lo claro y distinto. Así como le es
posible a los seres pensantes generar afirmaciones verdaderas, también les es
posible mentir, confundirse e ilusionarse. Como los sujetos de la Alegoría que
creen ver en las sombras de la caverna la expresión de lo real, de lo que son
en verdad las cosas, muchos sujetos creen que las opiniones, las mentiras, los
simulacros son algo real y que merece llamarse como lo verdadero.
Un ejemplo concreto de lo dicho sucede hoy en día con
la información suministrada por los medios de comunicación, las cuales afirman
que esto es así y así, generando la sensación en los espectadores de que
el medio de comunicación habla de lo real. Sin mayor sospecha de si la noticia
es certeza o si ha sido lo suficientemente analizada, se considera que es
verdadero lo dicho por estos medios. No en vano se habla de la sociedad del
entretenimiento y el espectáculo en la medida que distraen a las sociedades con
historias falsas, ficciones, simulacros que pasan por ser reales, viendo en
ello algo en lo que el sujeto debe hallar un interés genuino.
En la vida de cada sujeto se configura la experiencia
de situar lo verdadero y lo falso de distintas formas y con distintos
contenidos. El niño que creía en fantasmas y seres del más allá siendo ya
adulto o adolescente ríe ante tales representaciones. Si se creía que las
brujas y los demonios existían, hoy no pasan de ser meros personajes de la
literatura. Del mismo modo, como señala Platón, lo que en este momento
consideramos como real y verdadero puede configurar su naturaleza en la medida
en que desarrollamos el conocimiento sobre aquello que tomamos por real y
cierto. Es posible tener ante sí un simple vaso de agua, y decir solamente: eso
es un vaso de agua. Pero si a eso se le añade el conocimiento de la química de
tal objeto, el conocimiento físico de ello, el saber matemático, histórico,
económico de este vaso de agua, puede considerarse que la simple afirmación de
lo que se dice inicialmente de este vaso cobra posteriormente una magnitud muy
compleja.
Hegel considera la necesidad de la filosofía en tanto
permite al individuo poner en entredicho la apariencia, la ilusión, la
falsedad, a partir de un estudio de lo que es el pensamiento. Advierte este
pensador que se requiere salir de la inmediatez y del encanto que ofrece el
mundo del lenguaje de la apariencia y la ilusión para comprender realmente que
es lenguaje y de qué modo está construida verdaderamente la realidad. Platón
promovió el saber mediado por la educación, a través de la mayéutica, logrando
con esto la posibilidad de saber lo que es la realidad, no de la opinión sino
de la alitheia, es decir, la verdad. Saliendo al paso a la opinión o a
los pareceres, efectúan los filósofos griegos preguntas sobre la idea que
expresan: ¿qué es la virtud? ¿qué es la justicia? ¿qué es el bien? ¿qué es la
belleza? ¿qué es la inmortalidad? ¿qué es el amor? Como consecuencia de esto se
ponen en juego distintas respuestas, distintos modos de expresar el significado
de estos términos, los cuales de algún deben ser interpretados para ubicarlos
en el orden no de la representación sino del concepto.
Representación y Concepto.
La exigencia de la filosofía de Hegel consiste en que
el pensamiento se habitué al ámbito del concepto y dejé de lado el ámbito de la
representación. De manera opuesta a lo que supone una construcción sistemática
del pensamiento, el pensamiento asistemático supone el desorden de las ideas,
la arbitrariedad de los pensamientos, la conexión innecesaria entre una idea y
otra. Para Hegel, los seres humanos, por lo general, permanecen en este ámbito
en tanto se requiere del esfuerzo y la dificultad de la reflexión para
vincular las ideas de tal modo que se realice el plan del sistema o la
estructura compacta y concreta del pensar. Afirma Hegel en la Enciclopedia de
las Ciencias Filosóficas:
“No goza la filosofía, como gozan otras ciencias, de
la ventaja de poder presuponer sus objetos como inmediatamente dados por la representación,
y como ya admitido, en el punto de partida y en su curso sucesivo, el método de
su investigación”…“Por lo que la filosofía puede, y aun debe suponer un cierto
conocimiento de sus objetos, como también cierto interés por ellos, y esto
resulta, ya que no de otra cosa, de que la conciencia, antes de formarse
conceptos, se forma representaciones de los objetos, y el espíritu pensador
sólo a través de las representaciones, y trabajando sobre ellas, puede alzarse
hasta el conocimiento pensado y el concepto”
De acuerdo con el planteamiento que ubica Hegel al
comienzo de la Enciclopedia no es posible para la filosofía admitir sin critica
o análisis alguno cualquier idea, representación o concepto que se precie de
ser principio u objeto de la filosofía. Esta consideración es objeto de
reflexión constante para Hegel, quien no acepta hacer uso de conceptos o
palabras sin precisar previamente la estructura que subyace a la consolidación
del concepto.
Andrés Acosta Barrera
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