A propósito del aniversario de Immanuel Kant. primera parte
Nace el filósofo de Könisberg en el año de 1724 y con él la posibilidad de interrogar nuevamente el sentido del ser, del lenguaje, una nueva manera de interpretar el mundo. Posteriormente, en una edad bastante avanzada le dedica este pensador mas de una década a la elaboración de un texto que confrontaría seriamente la perspectiva del pasado y daría forma a un nuevo modo de pensar, de comunicarse, de entenderse a sí mismo. Por supuesto, como cualquier pensador Kant es hijo de su época, y así como Descartes afirma en el Discurso del Método (1637) que la época vivida por él no está rezagada en modo alguno en cuanto al nivel intelectual y práctico presente en épocas anteriores, no es la época de Kant carente del encuentro de pensadores bastantes sutiles, complejos y atrevidos para afrontar los retos planteados por la naciente época contemporánea. La Critica de la Razón Pura, de acuerdo Hegel, es similar a la Revolución planteada por los franceses en 1789. Quitarle la cabeza al rey significó para el pensamiento eliminar de raíz la pretensión del mundo externo de ponerse como sustancia independiente de la conciencia humana. Ningún designio, ninguna determinación, ninguna norma y regla dependían ahora del origen y eterno orden divino sino del ahora momentáneo y fugaz poder del pensamiento humano. ¿Qué significa esta revolución del pensamiento? ¿Qué significa aquel giro copernicano que Kant expresa en el prologo de la Critica de la Razón Pura?
Quizá sean bastante los individuos que celebran la obra de este autor, pero es probable que muchos otros estén interesados en mantener en el olvido a este pensador. Ocurre lo mismo con los individuos que han puesto en jaque el sistema irracional de la política y la economía; en ocasiones los ponen en un billete y esto basta para borrar de la memoria la conmoción que produjeron ciertos sujetos. En el caso de Kant podría afirmarse que este olvido se ha hecho expansivo en América Latina en tanto se aprecia con facilidad que no se ha comprendido su pensamiento o, en otros casos, no se dialoga lo suficiente con él, sufriendo el rechazo y el desprecio. No obstante, la pretensión no es señalar el amargo camino recorrido, sus asperezas y dificultades sino dar cuenta de que ideas son claves para un acercamiento a la obra de este pensador. El libro que será objeto de algunos comentarios es la Crítica de la Razón Pura que fueron el producto del seminario de Kant con el profesor Guillermo muñoz y estudiantes de la universidad Pedagógica Nacional.
¿Qué investiga Kant en la Crítica de la Razón Pura?
El planteamiento de Kant consiste en explicar exhaustivamente cuál es el fundamento de la objetividad. Por supuesto, esta respuesta se enmarca en el ámbito de la tradición filosófica que surge en la modernidad a partir del descubrimiento de la subjetividad tal y como lo hiciera Descartes un siglo antes. El cogito ergo sum representa el fundamento de la existencia: pienso luego existo. No obstante, en el recorrido propuesto en la consolidación de un nuevo mundo, en el que dedica gran parte de su tiempo a la elaboración matemática del mundo, dejo de lado una explicación concreta del carácter del yo pienso y, a su vez, de la real naturaleza de lo que denominó como rex extensa, o ámbito externo al sujeto, que pareciera sugerir en el recorrido de la argumentación la idea de un dios que garantiza la existencia del sujeto, del individuo pensante. Con relación a la vida personal de Descartes se sabe que decidió confesarse ante la virgen de Loreto frente a las extremadas consecuencias originadas por su escepticismo. Previo al descubrimiento de la subjetividad Descartes se sumergió en el inmenso mar del escepticismo, en el que puso en juego su vida pasada, sus creencias, sus costumbres, su manera ordinaria de pensar, las ideas que según el carecían de claridad y certeza. En el espíritu de la reflexión moderna surge con mayor amplitud y libertad el conflicto entre la certeza y la falsedad, entre la ilusión y lo real, la sospecha de la mentira y la verdad. Para el pensamiento de Kant es precisamente esta contradicción presente en el discurso moderno lo que permite que el pensamiento reflexione sin negar su propia naturaleza, es decir, sin caer en un inútil dogmatismo que conlleva a que el pensamiento desgaste sus capacidades y se pierda en el rumbo de su andar.
El problema que destaca Kant en el trasfondo ideológico de fines de siglo XVII es la enajenación de la razón, la negación de sus reales capacidades para solventar los conflictos y las contradicciones que la razón humana a lo largo de su historia se ha encargado de consolidar.
Afirma Kant en el primer párrafo del primer prologo de la Critica de la Razón Pura
“La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades” (2008, p. 7)
El mundo de la metafísica no es otra cosa que el mundo del lenguaje. El solo hecho de tener la capacidad de pensar y hablar convierte a los humanos en seres metafísicos. Es esto ya una verdad trivial, pero es importante cuestionar si se tiene presente la reflexión sobre la comprensión del lenguaje mismo, sobre el hecho de que el destino del pensamiento es este cuestionamiento que construye desde sí, pero al que no enfrenta lo suficiente por no contar con la teoría o la explicación que posibilite solventar el conflicto o la contradicción. No puede responder la razón sus propios cuestionamientos debido a que esto sobrepasa todas sus facultades. El interrogante de la Critica de la razón pura es ¿cuál es la naturaleza de la razón? ¿Por qué la razón construye todo tipo de problemas que le provocan el malestar del conflicto, de una contradicción incesante? ¿Cómo solucionar el problema de que la razón se niegue a si misma sus propias capacidades, dejando en manos del azar o a la divinidad, lo que en realidad es su propia responsabilidad?
En algún momento afirmó Rafael Gutiérrez Girardot que el problema de ser un país tercermundista no tiene que ver solo con la carencia de un proyecto económico industrial o de una política carente de un proyecto liberal o verdaderamente democrático; en lo que atañe al pensamiento filosófico se desdibuja el verdadero rol del pensamiento critico en tanto se incrusta en el cielo de la verdad la tradición interpretativa perteneciente a épocas pre-modernas. En el caso de países como Colombia tardó bastante tiempo la llegada del pensamiento de la filosofía moderna y contemporánea. A mediados de los años 50 del siglo XX surge la facultad de filosofía de la Universidad Nacional y es aquí que pensadores como Danilo Cruz Velez, Rafael Carrillo, Rafael Gutierrez Girardot, y muchos otros, abordaron en sus escritos una discusión con los pensadores que señalaron vías distintas a las planteadas por la tradición escolástica, que tenia gran arraigo en la historia intelectual de este país, en una larga tradición proveniente en gran medida de la colonia española y las incipientes reformulaciones teóricas de la Republica ( 1810-presente). ¿Por qué aquel atraso en lo que a la reflexión filosófica se refiere? No se trata tan solo de un atraso económico y social el que se vive en la región de Latinoamerica y demás partes del mundo, también se trata de un atraso en términos del ámbito reflexivo en tanto no se asumen en el orden del día las discusiones relativas a la investigación sobre la subjetividad, el lenguaje, y con esto el origen de las ciencias que procuran responder a la pregunta de lo que es el ser humano y como puede este ser confrontar y solucionar los conflictos que lo agobian. El problema de la guerra, el conflicto generado por el poder, el orden económico sustentado por la voracidad de la acumulación, la indiferencia con respecto a los problemas de la sociedad, la carencia de oportunidades de vida para grandes masas de la población, sin la posibilidad no sólo de una educación rigurosa que conlleve a la consolidación efectiva del espíritu critico, sino a la posibilidad de sobrevivir, tiene que ver en gran medida por la manera como los sujetos, como sociedad, interpretan su propio mundo. Por supuesto, cualquier pretensión de verdad o solución para las contradicciones que ofrece la realidad misma, podrían ser apreciadas como una ilusión, un engaño, un sueño cartesiano, o el simulacro construido por alguien mas poderoso que nosotros, un genio maligno. No obstante, el camino que descubre Kant dirige su atención al estudio del lenguaje, de los juicios, puesto que son estos los que consolidan el fundamento de lo real, de lo existente.
No es sencillo para el pensamiento cuestionar su propio lenguaje, su propio ser. Pese a ser una exigencia bastante antigua, procuran los sujetos hallar su interés en algo externo a si mismos. En la época del comercio exacerbado se pueden apreciar todo tipo de formas de atrapar la atención de los sujetos convirtiéndolos en accesorios o partes de algo mucho mas amplio y complejo. Sin embargo, vale la pena reintroducir como preocupación filosófica en la reflexión cotidiana la pregunta por el lenguaje, por el ser, por el modo como realmente se expresan los sujetos, los medios de comunicación, la realidad en su totalidad basada en las ideas. El que se hubiera postergado durante bastante tiempo la discusión con el pensamiento contemporáneo, se debió al interés de ciertos grupos interesados en fomentar una perspectiva de mundo arraigada aun en el mundo de la colonia, el mundo del sometimiento y el vasallaje. Algo similar ocurría en el desarrollo político de la Alemania de comienzo de siglo XX puesto que la constitución de este país no hablaba de ciudadanos sino de vasallos al servicio del rey. Quizá el miedo a perder el privilegio y el poder fue lo que impidió el que en los centros de discusión académica se cuestionara ese sistema de mundo, esa manera de comprender el mundo y actuar, a partir de este criterio, en la realidad. Por supuesto, no fue bien recibido para el siglo XVII Y XVIII esta formulación Kantiana puesto que ponía el reto para la reflexión pensar seriamente su propia incapacidad, la naturaleza de sus contradicciones, la ineludible necesidad de afrontar su destino y solucionar desde esta perspectiva el reconocimiento de la subjetividad como criterio de la experiencia.
En efecto, considera Kant que la razón queda perpleja ante la naturaleza de sus propias contradicciones. “La perplejidad en la que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero, advirtiendo que de esta forma su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan libres de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones” (2008, p. 7)
Llama la atención el modo como Kant da cuenta del origen de la contradicción, el punto de partida de lo que él considera ha sido el inconveniente de no hallar en la filosofía la comprensión plena de la realidad humana. Considera Kant que la contradicción tiene su manifestación y realidad, debido a que no se tiene una explicación precisa de los principios a partir de los cuales el sujeto construye la experiencia humana, de manera independiente a la experiencia empírica. Parece que la dificultad de la razón de responder sus propias cuestiones reside en no distinguir los principios que le permiten organizar, dar coherencia a su propia experiencia. Pese al descubrimiento cartesiano de resolver la explicación de la realidad asumiendo como criterio la actividad productiva del yo pienso, no esta la humanidad aun preparada para dejar de lado el lastre del pasado, con el cual interpretaba el mundo. La realidad de la pureza de la razón tiende a confundirse con un ámbito ideal o espiritual ajeno a la conciencia humana. Se vive esto de manera paradójica en el mundo actual cuando se habla de la ciencia como una creación divina, o del dinero como algo que proviene del cielo, en este tipo de formulaciones se ponen en juego, de manera arbitraria, dos épocas, dos interpretaciones del mundo que, si no pasan por el filtro de la critica, tienden a hacer de la historia o del presente, un irrisorio arsenal de ideas y recuerdos semejantes a un collage. ¿Tiene coherencia, por ejemplo, la teoría de Sautuola y Breuil, en el caso de la discusión sobre la evolución humana, el que se considere que esta evolución se produjo por una decisión divina? Ciertamente, cuando no se realiza una critica radical de las ideas pasan por pensamientos filosóficos todo tipo de ocurrencias y arbitrariedades.
En la época de la imagen del mundo considera Heidegger que la conciencia de tener representaciones posibilito ubicar como eje de la realidad al sujeto mismo, poniendo frente a si una realidad construida a su imagen y semejanza. En efecto, la consideración de que el yo pienso es la fuente de lo que asumimos como real, abre la posibilidad de afrontar desde el lenguaje mismo nuevas perspectivas de la realidad o lo que se denomina como la existencia. La ciencia de la matemática y la física da pruebas notables de ello; basta apreciar la historia de la tecnología y la industria para hablar de lo mucho que ha dado pie la extensión sobre la realidad construida por el mundo a-priori. Descartes mismo habló de las infinitas posibilidades que caben al espíritu humano al asumir como criterio del mundo la propia interpretación, que en lo posible debe pasar por una reflexión concienzuda, teniendo como objetivo, en lo posible, la unidad o la conceptualización de la realidad experimentada. Se reconoce en la matemática y en la física una manera muy particular de organizar el mundo. En el caso de la geometría analítica se asume que cualquier fenómeno de la existencia puede ser medido y evaluado desde distintos criterios entre las abscisas y las ordenadas. Todo ente en el mundo es susceptible de ser medido y configurado en un diagrama o una ecuación. Sobre esto llama la atención la pregunta que hace Federzoni, el discípulo de Galileo cuando éste le explica la nueva visión del mundo matemático: ¿Dónde se encuentra dios ahí? A lo que Galileo responde: soy físico, no teólogo. Los principios con los que los matemáticos y físicos empiezan a configurar el mundo de la modernidad, todavía siguen siendo para Kant, un aspecto que no se ha resuelto para la reflexión teórica y que han conllevado a que la razón se enfrasque en disputas y contradicciones todavía no resueltas, fundamentalmente, entre una distinción entre lo que significa tener una conciencia moderna y una conciencia pre-moderna.
Se detiene Kant en la reflexión sobre el modo particular en que proceden los juicios de los físicos y los matemáticos. En efecto, sus planteamientos difícilmente se corresponden a objetos observables: 5+7=12. ¿en qué parte de lo que se asume como realidad se observa esta formulación? Cualquier objeto observable puede ser usado como ejemplo para “verificar” esta verdad. Sin embargo, esta proposición matemática se sostiene en tanto tiene como base reglas producidas exclusivamente por la racionalidad. Del mismo modo si se habla de la gravedad, o la fuerza atómica, o el tipo de material asociado a los pigmentos de una obra de arte antigua, ¿de que manera procede esta explicación sino haciendo referencia a elaboraciones conceptuales que no tienen su fuente en la experiencia empírica? Kant considera poner en cuestionamiento el modo como usualmente se hace mención de las palabras y las ideas, debido a que mucho de lo que se dice tiene como fundamento no el ámbito de la autoconciencia sino de la tradición que durante mucho tiempo negó el papel de la autoconciencia en la historia. Un ejemplo para dar cuenta de esto lo constituye el camino filosófico recorrido por el empirismo, que determina de un modo coherente y organizado la tesis de que la experiencia tiene su origen en lo que perciben los sentidos. Desde esta perspectiva lo real es aquello que se observa, lo que se percibe, lo que se tiene a la mano como objeto de experiencia inmediata. Por supuesto, desde este criterio vale la pena apreciar la inmensidad y la extensión del mundo, describiendo y organizando las observaciones de todas las figuras, los fenómenos, las especies, etc., sin embargo, se precisa de una organización lógica e ideal que preceda a la posible interpretación de aquello que se percibe. Se dice que la cosa que se ve es roja o azul o amarilla, pero puede esto variar por el estado del sujeto que interpreta esta sensación. Una persona daltónica que no ve el rojo, por ejemplo, es una muestra de ello. Ciertas enfermedades están asociadas a síntomas asociados a la incapacidad de captar los sabores, los olores, o los sonidos. Lo que conlleva a afirmar que las cualidades de las cosas no pertenecen a estas exclusivamente sino a la relación que existe entre las capacidades del sujeto y la materia, así cabe determinarlo, que le rodea.
Existen principios que no pueden ser refutados por experiencia alguna. Debido a esto trata la metafísica de los principios que no están en el ámbito de la experiencia empírica, la experiencia perceptual. Mas allá de lo físico, pero que obra a su vez como fundamento de lo físico, se encuentra el ámbito propio del lenguaje, el cual requiere también pasar por el laboratorio de la critica filosófica, para indicar con ello la naturaleza de la razón, sus limites, sus características, en general, la determinación concreta del yo pienso cartesiano.
La metafísica se designó en el ordenamiento de los libros de Aristóteles, en los que se hablaba de temas distintos de la física. Posteriormente se determinó con este nombre el contenido relativo a la comprensión del ente en general, o de aquello que se denominó como Ontología. Se trata, por tanto, del estudio de la cosa en general, lo que fundamenta a la cosa en particular. Y es en ese ámbito donde, según Kant, se pone en juego la discusión por el fundamento de lo óntico, de lo que existe, de lo que es. Respecto al origen de las contradicciones y los conflictos provocados por la misma razón, es la metafísica la encargar de soportar y dar sentido a las múltiples formas y maneras de expresar el ser. Al respecto afirma Kant “Y, aunque puede deducir que las contradicciones y oscuridades se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que utilizan no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los limites de toda experiencia. El campo de batalla de estas disputas se llama metafísica” (2008, p. 7)
Es en el estudio del lenguaje es donde pueden resolverse las contradicciones que se sitúan fuera de la experiencia cotidiana, empírica; pero son contradicciones que le dan sentido a lo acontece en el mundo practico. Tal es el caso de la religión, ¿Cómo solucionar los conflictos que se presentan en este ámbito del saber humano? ¿se precisa conocer la naturaleza puramente racional que se pone en el trasfondo de la religión? ¿No es la religión un sistema complejo y sumamente explicativo pero sostenido por juicios sintéticos a priori que obran como principios constitutivos de la realidad? En el fondo no son muchas de esas supuestas reales contradicciones que existen en la religión, modos y formas distintos de abordar la explicación del fenómeno general de la experiencia humana.
Heidegger insiste bastante en el modo como la época contemporánea ha despreciado y burlado el interrogante por el sentido del lenguaje, por el fundamento de lo que da direccionamiento y sentido a la realidad humana. Se preocupan los individuos por el deber ser o el para qué de la realidad, pero pequeña es la proporción de los individuos que interrogan por el por qué, o por el ser, mas cuando se habla del fundamento de la realidad humana. No obstante, ninguna época ha estado ajena a determinar su propio horizonte de sentido generando todo tipo de interrogantes por la comprensión y la respuesta por el fundamento del ser.
Afirma Kant “hubo un tiempo en que la metafísica recibía el nombre de reina de todas las ciencias y, si se toma el deseo por la realidad, bien merecía este honroso titulo, dada la importancia prioritaria de su objeto, La moda actual, por el contrario, consiste en manifestar ante ella todo su desprecio. La matrona, rechazada y abandonada, se lamenta como Hécuba: modo máxima rerum, tot generis natisque potens- nunc trahor exul, inops- Hasta hace poco la mayor de todas, poderosa entre tantos yernos e hijos, y ahora soy desterrada como una miserable. Ovidio Metamorfosis (XIII, 508-510)
En efecto, pasados dos siglos desde la muerte de Kant sigue en pie esa moda de despreciar poner en discusión el estudio del lenguaje, del pensamiento. No obstante, confrontó este pensador tales pretensiones al considerar un nuevo renacimiento del saber y la comprensión del humano sobre si mismo no solo desde una perspectiva científica, desde una visión de las ciencias exactas, sino en una visión antropológica del ser humano al determinar que es el sujeto el que pone el ser de lo que existe, como un atributo que da sentido a la realidad que el individuo vive de un modo genuinamente humano.
Andrés Acosta Barrera
Bibliografía
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