¿Qué significa Crítica de la razón pura? parte 1

 

¿Qué significa Crítica de la razón pura? parte 1



Desde la época antigua ha estado presente la preocupación por la naturaleza del pensamiento, por la comprensión de lo que es la razón. En Platón se expresa esto como una preocupación filosófica al manifestar su interés por el mundo de las ideas, considerado como el mundo real, pero que se oculta tras las apariencias. Del mismo modo un pensador como Descartes rechaza de manera contundente todo aquello que asumía como verdadero y real, en su afirmación de la falsedad presente en lo que ha sido su educación, su tradición familiar, las convenciones sociales presentes en la religión y el saber filosófico. Llevando su carácter escéptico al extremo de negar la historia heredada e inclusive la realidad ofrecida por los sentidos, niega también la existencia de Dios, diciendo que quizá hay un genio maligno que gusta de ver en la falsedad y la ficción al ser humano. Sin embargo, para que el genio maligno logre su cometido y pueda manipular al sujeto requiere que éste sea un ser pensante. Negando también a tal ser parecido al daimon socrático se llega a la conclusión que el ser humano es esencialmente un ser pensante. Pienso, luego existo significa que para dar cuenta de mi existencia puede tan solo considerar mi capacidad como ser pensante. No es el sujeto otra cosa que lo que es como ser pensante. En ningún caso puede el pensamiento estar ajeno a la experiencia humana, puesto que es el eje, el centro de la vida.

Kant considera que es necesario establecer críticamente la definición de lo que es la razón. Si bien para Descartes fue necesario destruir todo aquello que detentaba la cualidad de lo real y verdadero y construir una perspectiva del mundo desde el criterio de la subjetividad matemática, considera Kant que apenas se ha descubierto el continente del pensamiento, pero es preciso penetrar en la realidad de la subjetividad. ¿De qué manera estudiar el pensamiento? ¿puede su análisis critico dar cuenta de la naturaleza de las contradicciones, las paradojas, las confusiones y errores del pensamiento? En efecto, Kant expone concretamente la naturaleza del pensamiento, del Yo pienso, en la investigación por el carácter de los juicios sintéticos a a priori. En este tipo de juicios, en las estructuras con las que el pensamiento organiza las ideas, se halla el peculiar aspecto de producción de pensamiento y conocimientos, con los cuales el humano por sí mismo extiende su propio saber.

El idealismo alemán, el cual tiene su referente inicial con el filósofo Immanuel Kant y su plena realización con el filosofo Hegel, concluye que la realidad no es otra cosa que la racionalidad. Para Hegel lo real es racional y lo racional es real. No es posible saber sobre lo real si se prescinde de la producción compleja y sumamente variada del pensamiento. Cada apreciación de lo real que se determina desde un aquí y ahora, está relacionado con un proceso implícito en el que se oculta la historia de lo que existe. Si la conciencia no se preocupa por saber sobre su propia historia difícilmente podría dar cuenta de la naturaleza de lo real o lo objetivo.

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La preocupación por lo que es el pensamiento se encuentra en la obra de Platón, en la que se distingue por un lado la noción de doxa (opinión) y aletheia (verdad) Considera Platón que tenemos experiencia tanto de lo que es aparente y de lo que subyace o está tras lo que aparece. Los sentidos nos ofrecen la experiencia de lo que es la apariencia. Son las facultades sensibles los que abren el camino de la experiencia humana, la posibilidad de ver, escuchar, olfatear, palpar, etc. Esta capacidad conduce a la posibilidad de generar juicios y términos asociados a las afecciones de la percepción humana. “Aquello es verde”, “esto tiene un olor desagradable”, el sonido de aquel viejo instrumento es bastante agudo” etc., son ejemplos de la inmensa posibilidad de producir saber a partir de la experiencia sensorial. No obstante, recalca Platón, para la filosofía no es importante dar cuenta únicamente de este tipo de saber de la certeza sensible. También es preciso indagar en lo real de las cosas, la realidad del ser, no en la indagación por lo que se ve y se percibe sino por aquello que se oculta, se esconde, siendo, por el contrario, aquello que da sentido y es condición de aquello que se ve. En el ámbito de la discusión, en el que se expresa el logos, cabe determinar como superficial y aparente aquello que oculta algo, como en el caso de la retórica, la opinión o la poesía. Cierto tipo de discurso merodea y da rodeos en torno a aquello que es lo real, pero no lo capta ni lo aprehende. En este tipo de situación se encuentra la opinión, la cual se expresa acerca de todo lo que es, pero no es capaz de mostrar el verdadero fundamento de sus afirmaciones. Al respecto escribe Francois Chatelet:

“Así, el primer paso de la filosofía -el que pone en el camino de la eventual <<sabiduría>>- consiste en <<psicoanalizar>> la opinión, en revelarle la errónea conciencia que de si misma tiene. ¿En qué se funda la opinión? ¿cuáles son sus argumentos? Lo mismo si se nutre de la tradición que si se arma de las <<nuevas enseñanzas>>, lo que invoca siempre en apoyo de sus razonamientos es que ella apela a los hechos. Emplea la técnica de los ejemplos. Y éstos los toma de aquí y de allá, sin discreción, tanto de la literatura edificante como de los mitos que encuentra a mano, o de la historia o de la vida diaria. Pretende basarse en la <<realidad>> y, para ella, lo real es lo que se ve, lo que se percibe, lo que se experimenta. Al construir con unos materiales tan deleznables, confía lo que cree ser desarrollo del pensamiento a las palabras: no advierte el carácter convencional del lenguaje ni que éste solo es válido cuando traduce un conocimiento verdadero. De esta manera va construyendo discursos que abarcan en una falsa unidad sus dispares experiencias; no sabiendo como se han de usar las palabras, las utiliza con total aplomo, a fin de enmascarar lo inconstante y contradictorio de sus juicios” …” En el fondo, lo que la opinión ignora es que está tomando por la totalidad de lo real lo que se le da solamente en sus parciales perspectivas” (Chatelet, 1967, págs. 54-55)

 La apariencia también es asumida en la obra de Platón como un saber erróneo, fortuito, no necesario. Para lograr captar lo real del saber y dejar de lado las sombras o las falsas verdades que posee la conciencia, la actividad filosófica pone en entredicho el carácter de verdad de sus ideas, analizando la estructura de los pensamientos.  El filósofo Jenófanes menciono que la labor filosófica se centra en contradecir o refutar las opiniones y las sentencias que dicen los sujetos y que pasan por ser verdades indiscutibles. Tal sucede con las sentencias de carácter religioso y político en los que es usual aceptar, sin posibilidad de objetar, la apariencia de verdad que se contiene en el tipo de afirmaciones que estas instituciones ofrecen. También Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, fue objeto de refutación y oposición de los primeros filósofos- denominados presocráticos- debido a su ingente influencia en las maneras de hablar del sentido común, las cuales contienen un gran contenido de carácter mítico y religioso.  

La época de Descartes fue testigo de innumerables debates sobre el carácter de verdad de aquellos juicios amparados por el tiempo y la autoridad, fuera terrenal o divina.  Las dudas sobre la religión en el siglo XVII tuvieron gran amplitud debido al encuentro de nuevas culturas y civilizaciones en el momento de la colonización del planeta. Otro tipo de rituales, ceremonias y hábitos pertenecían a grupos humanos en los que inclusive se encontraba la lamentable situación de no encontrar creyentes de la religión. Fue esto un momento trágico para la conciencia europea en tanto fue obligada a salir del ensimismamiento histórico experimentado en la Edad Media. Por ello no repara Descartes en dejar en pie cualquier atisbo de duda y sospecha que surja en el encuentro de la sabiduría.:

“La duda metódica recorre un doble camino: uno de acceso al cogito; otro de “recuperación” del mundo”… “ Podríamos, pues, decir que así como el Novum Organum consta, desde el punto de vista del contenido, de dos partes: una la llamada pars destruens, otra, la llamada pars construens, del mismo modo, el Discurso del Método y las Meditaciones (por mejor decir: la duda metódica) constan de las mismas dos partes: una destructiva y otra constructiva.  Toda la primera parte de acceso al cogito formaría, a nuestro entender, el aspecto destructivo del método cartesiano, enderezado lo mismo contra la opinión oscura y confusa de los testimonios sensoriales que contra las opiniones recibidas “desde la más tierna infancia”. Estos prejuicios, como son ya llamados por Descartes y luego, con mayor violencia si cabe, por los enciclopedistas, constituyen los ídolos baconianos, especialmente los del foro y los del teatro. Advertimos que Descartes usa indistintamente en dos diferentes sentidos el concepto de prejuicio (préjugé), a saber: uno, que depende de la voluntad y que consistiría en la precipitación o en la prevención; y otro que provendría de la sociedad al modo de los ídolos, es decir, falseando las ideas de los fenómenos” (Labastida, 1971, pág. 141)

En efecto, Descartes fue heredero de dos siglos de renacimiento y con esto del desarrollo de cuestiones que habían sido opacadas por la fuerza de la opresión religiosa. ¿de qué nuevas maneras es posible comprender la realidad? ¿puede el pensamiento en sí mismo brindar las herramientas que permitan entender de nuevos modos la realidad? La negación de Descartes de su propio contexto lo llevo a la consideración de la certeza de que el sujeto es fundamentalmente un ser pensante. Debe ser por tanto esta la base para comprender cualquier fenómeno o realidad dada a la experiencia general del sujeto.

El filósofo Immanuel Kant no pierde de vista el descubrimiento cartesiano y considera como una exigencia explicar en su totalidad de qué manera el pensamiento construye el mundo humano.

En el primer prologo de la crítica de la razón pura Kant escribe “La razón tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades” (Kant, 2008, pág. 7)

El pensamiento humano tiene el destino de plantear todo tipo de preguntas y de inquietudes y esta situación le ha generado bastantes conflictos puesto que en muchos casos no advierte de que modo resolver dichas problemáticas cayendo así en la contradicción y la confusión. En efecto, Platón menciona que los seres humanos están atrapados en las sombras de las opiniones. Solo es posible hallar una liberación de la opinión si se niega la verdad o presunta realidad de los simulacros del engaño y la manipulación y con ello acceder a las verdades de tipo filosófico. Descartes cuestiona la certeza engendrada por el saber de la época y lo que es objeto de la sensibilidad, poniendo de un modo complejo la realidad de la geometría analítica. Del mismo modo Kant sospecha que aun hay más aspectos que revisar en la naturaleza del pensamiento puesto que el humano de la época contemporánea sigue atrapado en contradicciones y confusiones debido al desconocimiento de sus límites y reales capacidades. Para explicar la totalidad y la definición concreta de lo que es el pensamiento prescinde este pensador de toda verdad asociada al ámbito empírico. De ningún modo cabe aceptar, en la explicación de la objetividad, la intromisión de ideas asociadas a “hechos”, “datos”, “experiencias particulares”, ejemplos tomados de la literatura, la historia o la vida diaria. Significa el estudio de la razón pura investigar por el carácter de la razón con independencia de toda experiencia vivida de manera particular por cualquier sujeto. ¿posibilita esta vía del estudio de la razón pura entender de qué manera le ha sido posible al homo sapiens construir la totalidad del saber?

 Andrés Acosta B.

 

 

Bibliografía

Chatelet, F. (1967). El pensamieno de Platón. España: editorial labor, s.a. .

Kant, I. (2008). Crítica de la razón pura. México: Taurus.

Labastida, J. (1971). Producción, ciencia y sociedad de Descartes a Marx. México : Siglo ventiuno editores sa.

 

 

 

 

 

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