Resultan ser reveladoras y placenteras las caminatas efectuadas en el centro de la ciudad
Resultan ser reveladoras y placenteras las caminatas efectuadas en el
centro de la ciudad. Pueden muchas veces ser algo atormentadoras, algo lunáticas,
momentos en los cuales se espera ansiosamente plena satisfacción. Aunque sería más
cuerdo deducir que la mezcla de tales manifestaciones cobra en este caso una movilidad pocas veces
experimentada…
Uno es capaz de encontrarse con tal cantidad de miradas que prefiere optar
por una mirada fija o poco atenta, poco escrutiñadora, quién sabe, lo
importante es solamente establecer un dialogo.
Caminábamos hacia el chorro de Quevedo. Hablábamos sobre todo y nada. Callaban
dentro de mí infinidad de voces, meras sombras inquietas. Llovería sin duda.
Eso parecía al tocar la atmósfera con sus graciosos ojos. Era una tarde gris
sensual. Para aumentar dicho fulgor la chicha contribuía a ello. Y quizás oír
los cuentos de la calle, sería un complemento interesante.
Sin embargo, la figura del autoritarismo fue lo que en principio se manifestó;
basta con que una mirada de su odiosa figura derrumbará toda aquella pletórica
fantasía.
Pero el miedo no se hacia sentir aquí. No era explicito su maligno
esplendor. Pero ¡ay! de la miseria ya implantada. Lugares en los cuales el
intempestivo deseo de distinción clasista se hacia notar. Y con ello sus
mequetrefes guardias que confían en la mísera satisfacción de lograr una
utilidad basándose para ello en una serie de aserciones carentes de sentido. El
hecho de que sean un sector muy privilegiado por parte del Estado da mucho que
decir. Los tombos son de una índole muy
particular, un determinado tipo de existencia que quiere lograr extensión y profundidad:
algo así como una horrorosa y pétrea tradición.
Un sujeto, cuya cualidad esencial se ligaba a la expresión de sus
pensamientos mediante la narración de historias al público del mencionado lugar,
fue brutalmente llevado, no se sabe dónde, se presume que la UPJ, por aquella
sustancial fuerza de la policía, impidiendo por oscuros y enigmáticos motivos el
objetivo de su narración; al principio también la oposición estuvo presente. En
el juego del autoritarismo y la oposición el elemento del tiempo resulta ser
excesivamente insignificante. Puede que baste un día o miles de años para
lograr la libertad. Y en una de estas pequeñas células que conforman el
organismo social la lucha de milenios se convertirá de nuevo en algo presente. ¡Haremos
narraciones en este lugar simplemente porqué este lugar es nuestro! ¡En
nuestras manos se encuentra el verdadero poder! ¡No estamos de acuerdo con la
imposición en contra de la cultura y el saber! Es necesaria esta violencia que
nos impulsa a salir de nosotros mismos. Tanto yo como otros lo afirmaban. Eso sirvió
para lograr el repliegue de los tombos.
Su exteriorización arbitraria y estúpida se manifestó cuando aquel cuentero
hablaba acerca de una piedra cuyo más profundo y ardoroso deseo consistía en
tocar, con la mayor cantidad de fuerza posible para ello, los labios de aquellos
seres vestidos de neón, aquellas lámparas motorizadas. Era un deseo que cada día,
cada hora, cada minuto, etc. adquiría mayor peso, mayor densidad, mayor
volumen, algo que adquiría mayor concreción. A muchos les gritaba esta piedra,
pero nadie respondía a su ingente necesidad. Ciertos sujetos llamados
estudiantes, lograrían su cometido- pensó la piedra-… Ante esto… los sujetos de
neón se indignaron- como si conocieran la dignidad- contra el cuentero y se lo
llevaron. Hubo poca oposición frente a aquella movilización. Los gritos y las
palabras resultan en ocasiones tan ligeras que se desplazan como humo hacía la
luna y ahí desaparecen. Cierta valiente señora dijo: ¡Eso es una violación a
los derechos humanos! A lo que respondió el hp hombrecito, con un gesto de
total desdén: bienvenida al mundo de la queja. Unas cuantas semanas en las que
el dictador posee más poder y miren esa altanería.
Le dije a la señora: no hable con estúpidos… al volver un despreciable silencio
se apoderaba del Chorro de Quevedo. Tan sólo quería escribir sobre el porqué de
ese silencio… hasta luego.
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