¿Lo originario o lo restaurado?
Resulta ser para nosotros una
cuestión de inusitado interés la construcción o la deconstrucción de nuestras
mentes. No sin razón alguna. Resulta increíble que nuestras conversaciones sean
el producto de un meditar en torno a los pensamientos, reflexionando sobre todo
por aquello que inconscientemente se cuela, notando con ello lo irrisorio que
muchas veces llega a ser la concentración,
estableciéndose por ello como una fuerza débil, escueta, dejando como resultado
la sensación de algo mortuorio, algo ligado
al olor que se desprende del cementerio situado en mi cabeza; esto no
importa. Al comprender esto resulta que lo importante es la vida de nuestro
pensar. Pues como decía Galileo Galilei en la obra de Bertold Brecht titulada
con el nombre del renombrado astrónomo “El pensar es uno de los más grandes
placeres de la raza humana” Nos encontramos con un placer sin límites, sin
fronteras, ni siquiera la muerte logra sobreponerse a esto pues ella misma
resulta ser un producto de la razón o por lo menos algo a lo que se le da su
respectivo tratamiento mediante la misma.
Sin embargo los placeres más
sofisticados requieren arduos esfuerzos de antemano. Y dichos esfuerzos deben
reconocer lo insignificantes que son ante el
maremágnum del mundo de los seres humanos. Esto es importante no
perderlo de vista, pues muchas veces la vanidad de nuestro pensamiento se
apresura a afirmar sin ton ni son aseveraciones sin sentido, desligadas
propiamente de un ordenamiento necesario. Y a este ordenamiento se le quiere
destruir pues su inquirir lleva a encontrarse con elementos que no son, con aparentes contradicciones,
con una serie de polémicas que si se las mirara de una manera distinta se captaría
en ellas un proceso acumulativo con ciertos saltos cualitativos, necesarios
momentos para la constante producción de la vida.
Semeja nuestro pensar un embrión
y como tal debe ser tratado. El carácter originario de lo que es el pensar
desearía conservar la melancólica mirada en aquel embrión. Desearía con gran excitación
el que el embrión nunca llegase a surgir con otras formas, con otros elementos,
ni mucho menos el que llegase a prorrumpir mediante el primer aliento en dolorosas exclamaciones que claman por una
nueva adaptación, una nueva forma de vida. Y qué más da, así sucede desde mucho
antes que el pensamiento reaccionario se estableciera en nuestros espacios
sociales, económicos, políticos y culturales. Y establecen algunos que la
finalidad de aquel embrión no es propiamente su estado incipiente, sino que tiene
que haber un desarrollo de dicho embrión, al punto de llegar a la racionalidad
como meta de lo que significa ser humano. “Si es cierto que el embrión es en sí un ser humano, no lo es, sin
embargo, para sí; para sí el ser
humano sólo lo es en cuanto razón cultivada que se ha hecho a sí misma lo que es en
sí. En esto y solamente en esto
reside su realidad”[1]
Por tanto si aquel primer aliento nos delata la existencia de algo nuevo, es
algo que aún no tiene una realidad perfecta. Quizás este sea un espacio que
inquirirá sobre aquello que solemos denominar perfección y la serie de
condiciones que se requieren para ello. En una de las traducciones del Discurso del
Método del filósofo Rene Descartes encontramos en el segundo párrafo del primer
capítulo “Por mi parte, nuca he creído que mi ingenio fuese más perfecto que
los ingenios comunes; hasta he deseado tener el pensamiento tan rápido, o la
imaginación tan nítida y distinta, o la memoria tan amplia y presente como
algunos otros. Y no sé de otras cualidades sino esas, que contribuyen a la
perfección del ingenio; pues en lo que toca a la razón o al sentido, siendo
como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales,
quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los
filósofos, que dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas
o naturalezas de los individuos de
una misma especie”. [2]
Contribuir al desarrollo del
pensamiento, a su desenvolvimiento, a las múltiples formas y a la
diferenciación de figuras del mismo, es algo que se propone la modernidad. El
simple nombre de dicha finalidad: la ciencia. Ya aquí (me refiero al blog en
general) se han elaborado una serie de consideraciones en torno a estas
preocupaciones filosóficas. Remito al lector a dichos escritos. Lo que se hará aquí
de ahora en adelante es establecer un dialogo más profundo con las debidas
aportaciones de muchos otros que al igual que yo ponen al pensamiento como un
punto de nodal importancia. Las preguntas que podemos establecer aquí como
final y como comienzo son ¿qué caracteriza al
pensar que establece como fundamento la unidad originaria del mismo en
oposición a una unidad construida a base de la restauración a la que precede
una negación de algo precisamente originario?
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